La curiosa tradición del Bolondrio se remonta a la baja Edad media y se mantuvo viva gracias a la baja media de edad de los oficiantes. En efecto, cada año en la festividad de Santa Casilda, los jóvenes quintos se iban turnado para empujar el bolondrio, hasta que rodaba por la rampa y, si acertaban a encajarlo por el Aro de la Escolanía, se levantaba por unas horas la prohibición de enseñar las rodillas en público y las mozas casaderas iniciaban una danza frenética conocida como el Riguitón de las almadreñas, mostrando sin recato sus pantorrillas y sus nalgas.
Al día siguiente, tras la misa mayor y la absolución de los pecados carnales, la Cofradía del Santo Meñique se ocupaba de volver a colocar el bolondrio en su plataforma, con un complejo sistema de poleas y una yunta de quinientos bueyes.
Con la desamortización de Mendizabala se prohibió esta ancestral costumbre y el bolondrio con todo su entramado pasó a manos privadas. Recientemente el Instituto Foral para el Progreso, en su búsqueda de nuevos nichos de mercado, ha mostrado cierto interés por recuperar la tradición, pero en versión electrónica.

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