Esta animada arteria peatonal es conocida como la calle Sierpes desde los tiempos de los Reyes Católicos, debido a una leyenda sobre un monstruo devorador de niños que sembró el pánico en Sevilla a finales del siglo XV.En aquel entonces en esta calle se encontraba la Cárcel Real, cuyo subsuelo era un laberíntico trazado de cloacas romanas o árabes, por las que a veces se fugaban los presos. Fue uno de ellos, el bachiller Melchor de Quintana, el que, en su huida, encontró al carnívoro monstruo, una enorme serpiente de siete metros. Lo mató y en vez de escapar, volvió a la carcel con la piel de la sierpe. En recompensa por su hazaña le concedieron la libertad con visado oficial.
Menos suerte tuvo Cervantes, que pasó una buena temporada en esta misma cárcel y parece que en su celda empezó a escribir El Quijote.
Creo que la calle sierpes fue tambien el primer lugar de Europa donde se cultivó el tomate, en el huerto de un tal Nicolas Monardes.








