
Hay entre Santo Domingo de la Calzada y Grañon una loma, con un monumento conocido como la Cruz de los Valientes. Valientes animales, diría yo, conocedor de los acontecimientos que conmemora. Os cuento.
Crecía en la loma un encinar cuya propiedad ambos pueblos se disputaban. Los habitantes de Grañón veían con sumo desagrado que el extenso encinar que consideraban suyo, era explotado y ocupado impunemente por la ciudad del Santo, o viceversa. Mediaba el siglo XIV.
El litigio habia llegado a tal extremo que los concejos se convocaron a vistas para intentar llegar a una solución pero aquello no hizo sino caldear mas los ánimos.
-Con razón corre por estos pueblos el dicho: "Grañón, en cada casa un ladrón".- decian los calceatenses.
-Pues sí que podéis presumir vosotros, id a Bañares y preguntad lo que dicen de vuestro patrón: "Si lo apedreamos muy bien hacemos, que no se meta el santo en terreno ajeno".
Viendo el cariz que estaban tomando la asamblea, una voz sensata propuso “¿Para que vamos a discutir si podemos arreglarlo a golpes?”. La idea entusiasmó al vulgo y acordaron elegir sendos energúmenos que luchasen a muerte, en singular combate cuerpo a cuerpo, en defensa de la propiedad del lugar. El que ganase se anexionaría el bosque.
Se celebró el combate, y ambos contendientes se emplearon con un valor sobrado e inusitada inquina, pero cayó primero el de Santo Domingo, reventado a golpes por su adversario. Victorioso, el luchador de Grañon entregó el encinar a sus convecinos. Se llamaba Martín García .
El nombre del vencido nadie lo recuerda. Vae victis!
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