Algo
especial debe tener estas tierras de la Vera para que el emperador Carlos V, que tenia a sus pies un
imperio donde no se ponia el sol, eligiera esta zona para su retiro.
En el año 1556,
el emperador Carlos I de España y V de Alemania, el
hombre mas poderoso de la epoca, decidió alejarse para siempre del
mundanal ruido, abandonando todo poder terrenal. El lugar elegido fue el Monasterio
de Yuste, un humilde cenobio construido
en 1507, destinado a dar cobijo a los ermitaños. Allí inició una vida monástica, en unas estancias
alejadas del lujo y el oropel de la Corte.
Eso si, mandó construir una ventana en su alcoba que comunicara con
el coro de la iglesia contigua, para asistir a los oficios religiosos desde el dormitorio,
sentado en su litera por la gota que le aquejaba. Era un poco como poner una TV
en la habitación.
También hizo instalar un estanque para refrescarse en las calidas tardes de
verano. Esta agua estancadas acabaron atrayendo
al temido mosquito anopheles, que le infectó
la malaria, que a la postre acabaría con su vida el 21 de septiembre de
1558. Fue enterrado en la iglesia, del Monasterio de Yuste, aunque
posteriormente, sus restos se trasladaron al panteón real del Escorial por
expreso deseo de su hijo Felipe II.
ola
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