Según la leyenda, tras la caída del rey Tarquino el Soberbio, el pueblo romano arrojó el cuerpo de éste al Tíber. Como querían borrar todo vestigio del odiado rey, habrían recogido los granos de trigo reunidos por el y lo habrían arrojado todo sobre el cadáver, creando un sedimento sobre el que se formó la isla tiberina.
Debido a sus oscuros orígenes, la isla estaba considerada como un lugar de malos augurios. Los romanos evitaban ir a la isla y los peores criminales eran condenados a pasar allí el resto de sus vidas. Esta mala fama se mantuvo hasta que se construyó unTemplo dedicado a Esculapio, dios romano de la medicina. Actualmente casi toda la superficie de la isla está ocupada por un importante hospital religioso, perpetuando la antigua vocación sanitaria de Esculapio.
El puente que une la isla al barrio judio es el más antiguo de Roma y está perfectamente conservado. Fue construido en el 62 a.J.C. por el arquitecto Lucio Fabricio, un curator de obras públicas y miembro de la Gens Fabricia, por lo que se le conoce como el Ponte Fabrizio.
Y pasando a necesidades mas mundanas, si el hambre aprieta uno pude pararse a cenar en Sora Lella, justo en la esquina del puente, un restaurante inaugurado en 1943 por la actriz Elena Fabrizi, y actualmente regentada por su hijo. La sora Lella, como todos la conocían cariñosamente, trabajó en películas míticas como Rufufu y compartió set con todos los grandes: Sordi, Mastroinani, Cardinale, Gassman… Era también hermana de otro gran actor Aldo Fabrizi, el inolvidable cura de Roma Citta aperta.

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