En el barrio de Malasaña, antes tan de la movida y ahora tan hipster, subsiste un local ajeno a todas las modas: el Palentino.
Lamparas florescentes y espejos desazogados. Botellas de Soberano y carteles de Fanta. Su aspecto viejuno podría corresponderse con cualquier otro de la prfunda España. Pero éste está situado en el epicentro de la modernidad, ignorándola displicentemente. Quizas por eso acuden a borbotones los modernetes. Lo mismo te puedes encontrar allí con Calamaro que con la gran Esperanza blanca. Dicen que Hermida fue habitual en su banquillo, que manu Chao grabó allí el videoclip para “Me llaman calle” y que Alex de la Iglesia ha construido una replica del Palentino para rodar su última película “El Bar”.
Conviviendo pacificamente, eso si, con los parroquianos del barrio, que acuden a ver el partido en la tele o a echar la partida, en este templo intemporal de la calle del Pez que continua sirviendo sus botellines a 1,20 euros y su bocatas a dos euros.

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