En el mirador de santa Catarina, junto a la estatua del
Adamastor solían reunirse antaño los Sebastianistas, para otear las procelosas
aguas del Tajo, esperando ver llegar los barcos que trajerán la solución a los
problemas endémicos de Portugal.
El origen de este movimiento se encuentra en los seguidores
del Rey Sebastiao, muerto en la Batalla de Alcazarquivir, en 1578. Por falta de
herederos, el trono portugués terminaría a la larga en las manos del rey Felipe
II, de la rama española de la casa de Habsburgo. Muy pocos habían sido los que
vieron el cadáver del rey Sebastiao y se propagó la leyenda de que estaba vivo,
y esperando la oportunidad para volver a Lisboa a ocupar de nuevo el trono y
expulsar de sus tierras a la tropa extranjera.
Con el tiempo el sebastinismo se traduce en una
inconformidad con la situación política vigente y una romántica expectativa de salvación
milagrosa, a través de la resurrección del ilustre monarca, y una añoranza de
tiempos mejores, sentimiento tan portugués como el pasteis de Belem.
Con ese mismo espíritu desesperanzado se agolpó el pueblo de
Lisboa en el Mirador de santa Catarina el 30 de noviembre de 1807, para ver escapar
rumbo a Brasil los barcos en los que huían la familia real y toda la Corte, con
sus bodegas llenas de oro, dejando al país abandonado y en bancarrota, ante la
inminente llegada de las tropas napoleónicas. Mas de uno suplicaría al Adamastor, que descargara toda su tempestuosa fuerza contra la ignominiosa flota en retirada y que trajera con vientos propicios a un redentor Sebastiao.

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