
Dos mercaderes venecianos, Buono di Malamocco y Rustico di Torcello, se habían empeñado en robar el cuerpo de san Marcos ¿a santo de qué? pues ni idea, porque encima en aquella época estaba en Alejandría, pero el caso es que les dio por ahí.
Así que viajaron a Egipto, sobornaron a los monjes de Alejandría que custodiaban las reliquias y huyeron, camuflando los restos mortales del evangelista bajo trozos de carne de cerdo, para que los musulmanes no pudieran descubrirlos.
Así fue como en el año 828, el cuerpo de San Marcos llegó a Venecia y fue nombrado patrón de la Serenísima.
Fue depositado en una cripta, y sobre ella se erigió la lujosa basílica de san Marcos, de estilo claramente bizantino.
Precisamente de Constantinopla proceden también los cuatro caballos que se pueden contemplar en la fachada, aunque su origen es mucho más antiguo. Fueron saqueados por la flota veneciana que se dirigía a la conquista de los Santos Lugares, durante la cuarta cruzada. Los venecianos cambiaron su rumbo y, en lugar de ocupar Jerusalén, se abalanzaron sobre Constantinopla. Arrasaron la ciudad y expoliaron infinidad de tesoros, entre otros esta cuadriga. Mas tarde, Napoleón se la llevó a Paris y a lo mejor la colocó sobre el arco del triunfo, antes de que Venecia los recuperara. En fin, que mucho cabalgaron estos caballos.