En nuestro periplo por tierras ampurdanesas llegamos a
Torroella de Montgrí, una villa real rodeada de campos y huertos regados por el
tramo final del río Ter, al pie del macizo calcáreo del Montgrí.
Durante la Edad Media, fue frontera entre el condado de
Barcelona y el Ampurias, de manera que siempre contó principalmente con el
favor de los primeros, que fueron quienes la controlaron durante aquellos
siglos. En el siglo XIII. el rey Pere II inició la construcción de las murallas
disponiendo el interior del pueblo como un campamento romano, alrededor de dos
calles que partían de este a oeste y de norte a sur (lo que los latinos
denominaban cardus i y decumanus). Esta disposición urbanística se sigue
manteniendo hoy en día y la confluencia de ambas calles es la actual Plaza de la Vila.
De aquellos muros (desaparecidos en el siglo XIX por las
lógicas necesidades de expansión urbana), se conservan aún dos elementos
sobresalientes: el Portal de Santa Caterina y la torre de les Bruixes (Torre de
las Brujas). Alrededor de esta torre se congregaban regularmente las brujas
acompañadas de un enigmático personaje anciano, l’Avi Xixó.



