miércoles, 20 de septiembre de 2017
martes, 19 de septiembre de 2017
Evora
Évora es la mas conocida de las villas alentejanas. No en vano, en remotos tiempos,se instaló aqui la corte del reino de Portuga, durante la dinastia avis.
Su patrimonio histórico es inconmensurable. Paseando sin rumbo por sus blancas callejuelas se recorren un par de milenios de visible historia. De la Evora cewralis, de la que ya hablaba Plinio el viejo, sobrevive el imponente templo romano a Diana. La Yeborah musulmana diseñó un trazado urbano muy arabe, rematado por monumentos medievales como la catedral, o el convento de Loios. Aunque el esplendor corresponde la etapa manuelina, bien representada por el palacio de Dom Manuel, el rey que dio nombre al estilo arquitectónico peculiar de este país. En fin, que no se aburre uno aqui.
Su patrimonio histórico es inconmensurable. Paseando sin rumbo por sus blancas callejuelas se recorren un par de milenios de visible historia. De la Evora cewralis, de la que ya hablaba Plinio el viejo, sobrevive el imponente templo romano a Diana. La Yeborah musulmana diseñó un trazado urbano muy arabe, rematado por monumentos medievales como la catedral, o el convento de Loios. Aunque el esplendor corresponde la etapa manuelina, bien representada por el palacio de Dom Manuel, el rey que dio nombre al estilo arquitectónico peculiar de este país. En fin, que no se aburre uno aqui.
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lunes, 18 de septiembre de 2017
Estremoz
Si se visita el Alentejo portugués llegando desde Badajoz,
buena idea es empezar el viaje por Estremoz, una de las poblaciones más vistosas de la comarca, que ofrece su hermoso perfil amurallado hacia la carretera
de Lisboa.
Atravesemos el Rossío, inmensa plaza donde los sábados se celebra un concurrido
mercado y ascendamos por la estrecha Rua da Frandina
desde la Praça Luís de Camões hasta atravesar las murallas interiores del castillo por el Arco da Frandina.
Desde la
antigua armería de Joao V, hoy convertida en Pousada,. Eclipsada por la vecina
y turística Evora, Estremoz conserva prácticamente intacto un patrimonio
excepcional apenas conocido, por
Alli, en la ciudad alta, nos encontraremos con el
Palacio Real y su torre del homenaje construida íntegramente en mármol de las canteras de la comarca: la Torre das Três Coroas. Desde alli
se domina no sólo el casco antiguo amurallado, sino la ciudad barroca y todo el
entorno, hasta casi la frontera española.
El palacio
está ocupado actualmente por la Pousada de Rainha Santa Isabel,
cuya estilizada estatua vigila la entrada. Y es que la santa reina, esposa de
don Dionis, falleció en el castillo de Estremoz, cuando intentaba mediar en los
cruentos enfrentamientos que protagonizaban distintos miembros de su familia y
que salpicaban a todo Portugal arrastrándolo hacia guerras fratricidas.
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lunes, 21 de agosto de 2017
el feo de haro
De
vuelta de Ezcaray nos detuvimos a comer en Haro, parada obligada. Paseando por
la la zona de La Herradura, nos enseñaron la nueva plaza del Feo, entre las
calles San Bernardo y Castillo.
Esta
plaza se ha urbanizado sobre un solar
derruido. Para encontrarle un nombre adecuado a este nuevo espacio publico el
Ayuntamiento de Haro buscó la colaboración de todos los jarreros, sometiendo a
iniciativa popular la elección del nombre de la plaza a través de Internet.
Algunos
prohombres propusieron el nombre de otros prohombres, pero se ve que no debían tener
gran dominio de la redes sociales. Lo contrario debía suceder a los partidarios
de José Ruiz 'El Feo, un ciudadano de a pie cuya cualidad mas relevante es su
aspecto poco agraciado, como anuncia su apodo.
Finalmente
ganó su candidatura y la plaza ha sido bautizada como Plaza José Ruiz 'El Feo”. El propio
feo se suele pasar a diario por la plaza a ver que se cuece en sus dominios.
La
votación estuvo muy ajustada hasta el
final, ya que el ganador obtuvo un total
de 647 votos, por 610 de la segunda opción, Plaza Daniel Trejo, que era un chaval
imberbe, sin mas mérito que el que le haya permitido su corta edad (Quizas sacarbuena
nota en la selectividad), al que su
cuadrilla decidió impulsar corriendo la voz entre sus cibercolega.
Es
lo que tiene las redes sociales.
viernes, 18 de agosto de 2017
Santa María la Mayor
Uno
de los muchos edificios interesantes de Ezcaray es la iglesia románica de Santa
María la Mayor, fechada durante los siglos XIV-XV.
El
ultimo dia de semana santa se celebran las llamadas Aleluyas. Las autoridades
suben a la balconada de Santa María la Mayor y arrojan al populacho caramelos,
monedas y hasta billetes para que se peguen entre ellos.
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jueves, 17 de agosto de 2017
Ezcaray
Este puente he hecho una escapada a Ezcaray, en la Rioja Alta. Pueblo señorial y montañes, con grandes atractivos, desde las pistas de esquí a las rutas de senderismo. Ahora bien, no aconsejo ir en pleno ferragosto. Entre las vacaciones estivales y las fiestas de san Lorenzo, había mas gente que en la guerra. Como dato significativo os contaré que he oído hablar en euskera bastante mas que en Bilbao. En cualquier caso, hacia un tiempo fresquito y se estaba muy bien. La oferta gastronomica es variada y de calidad. Si no podeis (como yo) permitiros cenar en el Etxaurren, os reomiendo el masip o el bar de la antigua estación.
jueves, 22 de junio de 2017
SINSORGOS DEL ESPACIO EXTERIOR
Desiros tengo que no
he estado en Bilbao desde inundasiones de 2963. Jesus, María eta Joxepe! ¿Qué
fue aquello? La vida me arruinó aquel aguadutxu de meteoritos. En la charcutería
molecular que tenía en erribera de
Deusto un pedrusco grande me cayó que no había harrijasotzaile que lo
levantara. Y como seguros en esa época también no teníamos, emigrar tuve que haser.
A Plutón me fui, no te digo más. Y allí pues bien. Trabajo de funsionario ya conseguí
en la confederasion intergaláctica y tal. Allí lo único un poco fresco, que estaban
en cuarta glasiasión. Mejor si hubiera llevado una rebequita o algo.
Así que, cuando mandakari me guachapeo para ir a Bilbao a haser evaluasión, pues yo que sí, oyes, encantado. Ocasión así no voy a perder. Ganas grandes tenia de ver el botxito en 2984. Me meto en el agujero de gusano y direto al astropuerto de Atxuri en un di-da.
Me digo “voy a dar un vuelta por Somera a ver si queda por allí alguno de la kuadrilla”, y que va, oyes. Solo hay replicantes, mutantes, hípsters y alienígenas. Zelako naste borraste! Ninguna cara conosida. Cantidad de turistas de todo el sistema solar moviéndose en grupo por las siete calles, juntos juntos como manadas de estorninos. Ay ene!
Un venusiano con cara de compota se me arrima chapurreando que si sé algún local para potear compuestos vitamínicos. “No voy a saber, laztana! Ya te llevo yo a una taberna con fuste”. Echamos a andar por el kasko, y nada. No hay más que franquisias, tecnomercadillos vintage y panaderías quánticas. Menos mal que al final encontramos el bodega de Joxemiel, con los mismos aseleradores de partículas de toda la vida y.
Voy y le digo al clon expendedor: “txiki, nos pones al sapaburu y al menda dos buenas novocaínas en su tubo de ensayo, pero sin cardamomos ni ostias, eh”. Y me sale con que allí no se sirven clorhidratos de año, que eso es cosa de neotxikiteros y que allí solo tienen txakolin gorri y no sé qué modernidades. Le daba un txalo con la mano abierta a ese txorroborro que se le quita la tontería en un nanosegundo. Si mi aita levantaría la cabesa criogenisada, armaría un tiberio de órdago a la grande.
Ay, Bilbao, como has cambiao. Distopía y gentrificasíon. Hasta ganas de llorar me entran, oyes. Ya nadie habla euskeranto, el Athletic ficha extraterrestres. La ría llena de batiscafos turísticos está. Aquellas elegantes escafandras de mil rallas se han quedado osoletas. Nadie canta ya nuestras cansiones de siempre, ni el bugy bugy ni un alien vino a Bilbao. Todas las viejas tradisiones se están perdiendo. Como lágrimas en el sirimiri.
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amica veritas, sed magis amicus plauto
Hace ya algunos años, paseaba yo por la calle Tarnok de Budapest, con la mirada atenta del viajero, cuando me sobrevino un estremecimiento que en un principio confundí con un retortijón intestinal. Sin embargo, cuando profundicé un poco más en el autodiagnóstico, entendí que en realidad lo que me sobrecogía era la contemplación de tanta belleza, una especia de mal de Sthendal en versión austrohúngara.
En aquel momento pensé que sería muy egoísta reservarme esa experiencia y decidí compartirla con aquellos a los que el destino no les habia deparado la oportunidad de visitar esa ciudad. Pero tambien con los que habían pasado por allí y no habían experimentado esa fruición contemplativa, como vaca sin cencerro, acaso porque la naturaleza les había negado esa sensibilidad exquisita con la que a mi me había dotado tan generosamente.
Llevado por este altruista impulso, me agencié un cuaderno y un rotulador Edding y empecé a esbozar dibujos como un poseso, en el afán de reflejar cuanto encontraba en mi camino y de plasmar mis impresiones de una manera mas o menos perdurable. Así nació el primer ejemplar de los cuadernos de viaje que componen esta colección. A partir de entonces -a la manera de los viajeros clásicos como Delacroix o Víctor Hugo- siempre que me dispongo a emprender un nuevo viaje, reservo en mi maleta un sitio para el cuaderno, entre los gayumbos y el neceser.
Debido a la desmesura de alguna de las opiniones vertidas en estas crónicas, la cautela aconsejaba ocultar mi identidad. Para evitar ser objeto de persecución política, decidí ampararme en el anonimato, inventando un alter ego al que llamé el aventurero. Aun así, mis detractores opinan que tal grandilocuencia no era sino una excusa que para poder hablar de mi mismo en tercera persona, como Julio Cesar o el Papa.
Nadie espere encontrar en estas páginas una guía de viaje, ni un exhaustivo glosario de monumentos. Ni una descripción fiel de los lugares visitados, ni una reflexión sensata sobre los usos y costumbres. Tan solo un inconexo puñado de dibujos, acompañados por el relato de anécdotas carentes de interés y algunos datos totalmente prescindibles e inexactos. Esa es otra: Ni siquiera puedo garantizar la fiabilidad de los textos. A menudo son cosas que he oído o leído aquí y allá, cuando no son directamente inventadas, fruto de una trasnochada imaginación, como muy bien han señalado algunos de mis detractores.
En la última secuencia de la película de Jonh Ford “El hombre que mató a Liberty Balance”, James Stewart le reprocha a un periodista la falta de rigor en algunas informaciones publicadas. El periodista se defiende: “Mira, James Stewart, en el oeste cuando la leyenda mola mas que la realidad imprimimos la leyenda”.
Con similar menosprecio a la verdad, yo, que solo pretendo evidenciar la paradoja del alma humana, escribo desde una ignorancia que haría avergonzarse, no ya a cualquier historiador aficionado, sino a cualquier persona de bien.
Vayan pues mis excusas para todos aquellos a quienes no correspondo con la veracidad que se merecen. En cualquier caso, espero que quienes recalen por estas páginas encuentren aquí motivo de solaz y esparcimiento, ya que otra cosa no pretendo.
Ahora, merced al avance de las nuevas tecnologías y para estupor de mis dichosos detractores, estos cuadernos pueden ser consultados en la red y quedan al alcance tanto de los curiosos como de los estudiosos de esta basta y vasta obra.
En aquel momento pensé que sería muy egoísta reservarme esa experiencia y decidí compartirla con aquellos a los que el destino no les habia deparado la oportunidad de visitar esa ciudad. Pero tambien con los que habían pasado por allí y no habían experimentado esa fruición contemplativa, como vaca sin cencerro, acaso porque la naturaleza les había negado esa sensibilidad exquisita con la que a mi me había dotado tan generosamente.
Llevado por este altruista impulso, me agencié un cuaderno y un rotulador Edding y empecé a esbozar dibujos como un poseso, en el afán de reflejar cuanto encontraba en mi camino y de plasmar mis impresiones de una manera mas o menos perdurable. Así nació el primer ejemplar de los cuadernos de viaje que componen esta colección. A partir de entonces -a la manera de los viajeros clásicos como Delacroix o Víctor Hugo- siempre que me dispongo a emprender un nuevo viaje, reservo en mi maleta un sitio para el cuaderno, entre los gayumbos y el neceser.
Debido a la desmesura de alguna de las opiniones vertidas en estas crónicas, la cautela aconsejaba ocultar mi identidad. Para evitar ser objeto de persecución política, decidí ampararme en el anonimato, inventando un alter ego al que llamé el aventurero. Aun así, mis detractores opinan que tal grandilocuencia no era sino una excusa que para poder hablar de mi mismo en tercera persona, como Julio Cesar o el Papa.
Nadie espere encontrar en estas páginas una guía de viaje, ni un exhaustivo glosario de monumentos. Ni una descripción fiel de los lugares visitados, ni una reflexión sensata sobre los usos y costumbres. Tan solo un inconexo puñado de dibujos, acompañados por el relato de anécdotas carentes de interés y algunos datos totalmente prescindibles e inexactos. Esa es otra: Ni siquiera puedo garantizar la fiabilidad de los textos. A menudo son cosas que he oído o leído aquí y allá, cuando no son directamente inventadas, fruto de una trasnochada imaginación, como muy bien han señalado algunos de mis detractores.
En la última secuencia de la película de Jonh Ford “El hombre que mató a Liberty Balance”, James Stewart le reprocha a un periodista la falta de rigor en algunas informaciones publicadas. El periodista se defiende: “Mira, James Stewart, en el oeste cuando la leyenda mola mas que la realidad imprimimos la leyenda”.
Con similar menosprecio a la verdad, yo, que solo pretendo evidenciar la paradoja del alma humana, escribo desde una ignorancia que haría avergonzarse, no ya a cualquier historiador aficionado, sino a cualquier persona de bien.
Vayan pues mis excusas para todos aquellos a quienes no correspondo con la veracidad que se merecen. En cualquier caso, espero que quienes recalen por estas páginas encuentren aquí motivo de solaz y esparcimiento, ya que otra cosa no pretendo.
Ahora, merced al avance de las nuevas tecnologías y para estupor de mis dichosos detractores, estos cuadernos pueden ser consultados en la red y quedan al alcance tanto de los curiosos como de los estudiosos de esta basta y vasta obra.






