Desde sus oigenes la Eibar estuvo ligado a la industria
armera: se conserva un documento del año 1482 que recoge un encargo de 15.000
arcabuces. Las ferrerías del valle forjaron armas como para exterminar a toda
la población nativa de las colonias.
Tras el auge en la producción, auspiciado por la
Primera Guerra mundial, vino una gran crisis en el sector, al quedarse con un
gran stock sin salida comercial, cerrarse el mercado estadounidense y
complicarse el europeo. La salida de la crisis armera se realiza mediante la
diversificación del producto. Esa es la época en que muchas empresas cambian la
fabricación de pistolas por la de bicicletas o máquinas de coser.
En cualquier caso, los trabajadores de aquellas fabricas pasaban
mucha sed por el calor de los hornos, asi que se asento el oficio del botijero,
que llevaban agua para beber a los
trabajadores de los talleres en todos los rincones de la ciudad. A veces, a
cambio de un pequeño y discreto suplemento, el agua del botijo era sustituido por
revitalizante tintorro.
En honor de ese tradicional oficio eibarres se instaló una figura de
bronce que representa al aguador junto a la fuente de Urkizu, una de las más
antiguas de la ciudad. De ahí, que a si tratas a alguna eibarresa con distanciamiento
y desapego, ella quizas te reproche que eres
“mas frío que el botijero de la fuente de Urkizu”
Algunos de los compañeros dibujalaris que vinieron a Eibar, de sobremesa. no se muy bien porque pero en estos encuantros la mayor represenatacion siempre procede de Bergara. Se ve que hay alli mucha afición al dibujo.
El otro dia fui a Eibar a dibujar con los amigos de EUSKAL HERRIA'S SKETCHCRAWL.
Aunque llegué tarde, el dia cundió y me dio tiempo a hacer varios dibujos, y me quedé con ganas de mas, porque Eibar es un pueblo con una orografia escalofriante, encajonado en el valle del Deba, con los montes que se elevan amenazantes sobre los edificios, visualmente aplastados contra la ladera. Tiene, por otra parte,ejemplos de arquitectura industrial racionalista muy fotogenicos.
Ademas de ser el pueblo natal de Zuloaga, uno de mis pintores favoritos, Eibar es una localidad con mucho caracter. Fue en esta plaza, al lado de este quiosko que parece sacado de la rue del Percebe, donde por primera vez ondeó la bandera republicana el 13 de abril de 1931. El ayuntamiento eibarrés proclamó unilateralmente la República un dia antes de que España diera ese paso, al expulsar a Alfonso XIII, "no por rey sino por ladrón" en palabras de Valle-Inclan. Tome nota su biznieto.

El escritor eibarrés Toribio Echeverria redacta, en su libro
Viaje por el país de los recuerdos la proclamación de la Segunda
República en Eibar de esta forma:
“y antes de las seis
de la mañana habíase congregado el pueblo en la plaza que se iba a llamar de la
República, y los concejales electos del domingo, por su parte, habiéndose
presentado en la Casa Consistorial con la intención de hacer valer su
investidura desde aquel instante, se constituyeron en sesión solemne, acordando
por unanimidad proclamar la República. Acto seguido fue izada la bandera
tricolor en el balcón central del ayuntamiento, y Juan de los Toyos dio cuenta
desde él al pueblo congregado, que a partir de aquella hora los españoles
estábamos viviendo en República.”
Hola, amigos y amigas.
Antes de nada debo pediros disculpas, por este silencio que os he infligido, provocando a numerosos seguidores de este blog, una angustiosa sensación de abandono y desamparo.
Podría alegar en mi descargo problemas tecnicos, que los hubo, un escaner sicopata y un ordenador indolente y obsolescente. Pero lo cierto es que me vence el cansancio y la molicie.
Bueno, pues a ver si voy volviendo poco a poco.
Aqui os dejo el cartel que he diseñado para un campeonato que organiza mi club de ajedrez. Ademas de solazaros en la imagen dadaista y viejuna, el que tenga afición tambien puede apuntarse a jugar unas partIdillas de ajedrez, que es una digna via de escape de esta realidad vertiginosa, plagada de partidos de futbol, sucesiones dinasticas y demas sucesos inexplicables.
Uno de los lugares mas impresionantes de Estella es la iglesia de San Pedro
de la Rua contruida al pie del antiguo castillo. Sus almenas furon testigas del
luctuoso fin de Teobaldico, el niño heredero de la corona de navarra,
llamado a convertirse en Teobaldo III.
Corria el año 1274, cuando el infante Teobaldo, único hijo varón de
Enrique I el Gordo, se deslizó de los brazos de su cuidador, asomado a la
galería del castillo, muriendo despeñado en el acto, el pobre Teobaldico en su
mas tierna infancia. Su cuidador se arrojó detrás entre desolado por su torpeza
y acojonado por las previsibles consecuencias. Este suceso cambiaria el rumbo
de la histori, ya que con su fallecimiento dese extinguió la sucesión masculina
de la dinastía de Champaña, dando paso a la unión de las coronas de Navarra y
Francia.
García
de Eugui, obispo de Bayona y confesor de Carlos III el Noble, lo relata así en
su Chronica: «En vida deste rey don Enrich, don Tibalt su fijo era
chico e su ayo teníalo en braços en la peynna del castillo mayor d'Estella e
adelantólo en la peynna por tomar un esquirol e cayó el moçuelo de la peynna a
juso, et el ayo lexóse caer faga del; et assi murieron los dos»

Se entra a estella por la Rua, y casi lo primero que se encuentra es el
albergue de peregrinos. Esta calle está asentada sobre la judería medieval, ya
que aqui se localizaban las curtidurías y diferentes negocios de los hebreos, comunidad
que llegó a ser muy importante en Estella, en aquellos tiempos en que había una
fructífera convivencia de distintas culturas. Hubo por aquí incluso un sinagoga
mas tarde trasformada en la iglesia de Todos los Santos.
También es la Rua se encuentra el palacio renacentista de los
Echávarri, del siglo XVII, que hoy alberga el Museo de la Historia del
Carlismo, y la Casa de Cultura Fray Diego de Estella, palacio plateresco
del siglo XVI construido por la familia de este ilustre franciscano, acaso
converso, una especie de autor de best sellers medieval, ya que sus tratados sobre
ascética y mística fueron traducidos a
numerosos idiomas.
La rua desemboca en la plaza de San Martín, cuyo centro ocupa la
fuente de los Chorros, del siglo XVI, una de las pocas renacentistas que se
conservan en Navarra, Alli se levantan el antiguo ayuntamiento
(actualmente ocupado por los Juzgados de Estella y ubicado en el solar donde
anteriormente estuvo la iglesia de San Martín), con una bella fachada barroca
del, y a su lado, un singular edificio que muestra un bello conjunto de puerta
y ventana de arco apuntado, procedentes de un antiguo convento y reutilizados
en el siglo XX.
En otra esquina de la plaza, el palacio de los Reyes de Navarra, actual
museo de Ramiro de Maeztu, única construcción románica civil que se conserva en
Euskal Herria, del último tercio del siglo XII. El mas celebre de sus capiteles
representa la lucha de Roldán, paladín de Carlomagno,,y Ferragut, gigante morisco descendiente de la
estirpe de Goliat. El capitel recoge el momento en el que el
héroe carolingio vence al coloso musulmán al atacarle en su único punto débil,
el ombligo.
Otro capitel recoge dos edificantes escenas sin conexión entre sí. En la parte izquierda,
se representa la Fabula del burro tañendo el arpa, que escucha embelesado un león sentado sobre sus
cuartos traseros. En la derecha, aparecen dos avaros caminando hacia su castigo cogidos por un cepo. De sus cuellos
cuelgan bolsas del dinero. A su lado, unos condenados son cocinados en una caldera vigilada por cuatro
diablos gourmets.

Caminando, caminando, llega el peregrino hasta Villatuerta, denominada Villa
torta por los romanos, que ya transitaron estas mismas calles. El nombre no
resaltaba la falta de un ojo, ni celebraba un sopapo, sino que referia lo tortuoso del trazado urbano.
En el año 1032 Villatuerta asiste al
nacimiento del que luego sería san Veremundo, abad de Irache. Cuentan, y yo lo creo, que en
cierta ocasión Veremundo recibió a un grupo de peregrinos que había llegado al
monasterio. Siendo el santo tan hospitalario como curioso, les preguntó de
dónde venían y qué habían visto por el camino. Pero estos peregrinos se
quedaron mudos, sin saber qué contestar, ya que no se habían fijado en nada de
lo que habían visto. El de Villatuerta, dolido por tanta indiferencia hacia las
maravillas que Dios había dispuesto a lo largo del camino, y de paso
aprovechando para hacer un juego de palabras con su propio nombre, exclamó
furioso "¡Veré mundo!" Al punto, los peregrinos se convirtieron en
molinos de viento, condenados a girar contínuamente sin llegar a ningún sitio y
no cambiar de punto de vista. Al menos consiguieron cierta utilidad y durante
años molieron el trigo y el maiz, prestando un buen servicio a la
comunidad. Asi las gastaba san
Veremundo. Tenia esa capacidad para obrar grandes prodigios, pero a veces se le
iba un poco la olla, y tenia estas salidas de tono, que traian de cabeza a la congregación.
Yo, por si acaso, tomo buena nota de cuanto veo y hago estos bocetos para
mantener los detalles frescos en la memoria, por si alguien pregunta.

El “Codex Calixtinus” (1139), auténtica de guía de peregrinos medieval, obra
de Aymeric Picaud, hace una curiosa advertencia a los caminantes que atraviesan
el rio Salado por el puente del Molino, entre Cirauqui y Lorca. Dice asi el célebre Códice Calixtino “¡Cuidado con beber
en él, ni tú ni tu caballo, pues es un río mortífero!”. Añade que preguntaron a
unos navarros que había allí esperando, si podían abrevar los animales y les
dijeron que sí “por lo que les dimos a beber a nuestros caballos, que al punto
murieron dos, que los navarros desollaron allí mismo”.
Parece que los paisanos
aguardaban en el puente al paso de los peregrinos, ocultando que las aguas de
este rio están repletas de sales por lo que no son aptas para el consumo. Cuando
los animales bebían de sus aguas salobres, al poco caian muertos y los taimados
las destripaban y organizaban un festin a costa de los atribulados peregrinos,
que debían continuar el camino a pie. Si no saben aguantar una broma que se vayan del pueblo, diría Gila.
Este relato debe ser admitido con cautela, ya que Aymeric sentía por los navarros una evidente animadversión y tiende a
retratarlos como bestias embrutecidas y despiadadas, con un sentido del humor de
pésimo gusto.
La localidad de Cirauqui destila abolengo en todas sus calles, abundante en casa blasonadas y torres defensivas de sólido sillar.
El Camino sale del pueblo sobre un tramo muy bien conservado de la calzada romana original, perteneciente a la Via que unia Burdeos con Astorga, que es desde los tiempos del Imperio una de las principales vías de comunicación de la cornisa cantábrica y sobre la que los reyes navarros levantarían el camino bajomedieval.
La via romana enlaza con un puente que atraviesa la autovía Pamplona-Logroño. Asi pasamos en unos metros de las calzadas del siglo I a las autopistas del siglo XXI. Tempora mutantur et nos mutamur in illis.
Llego a Mañeru cuando están despuntando las primeras luces del alba. Busco
un sitio para desayunar y no lo encuentro. Debo conformarme con un trago de
agua en la fuente. En una de las fachadas la silueta en forja de un peregrino me
indica en camino a seguir y lo sigo.
Que nadie espere mucha infraestructura en Mañeru. Es un pueblo pequeño, con una población de 382 habitantes. Antiguamente la población se media en "fuegos",
que supongo que aquivalia a una familia, o un hogar habitado. El número de gente
que se calentaba en el mismo fuego. A
cada fuego le correspondía aproximadamente
4,5 habitantes. Asi sabemos que la
población no ha variado demasiado desde la Edad Media, ya que en el año 1533 había 70 fuegos (315
habitantes), y actualmente vive un repunte en su población gracias a la
construcción de nuevas urbanizaciones y nuevas vias de comunicación, que le supone 382 habitamntes
La única
pena es que los datos demográficos hayan dejado de medirse en fuegos, para cuantificarlos en una magnitud tan anodina e ignífuga como el número de vecinos.
Pero si algo destacable tiene Puente
la Reina es el puente de la reina, valga
la redundancia, uno de los ejemplos de románico civil más señoriales de la ruta
jacobea. En él confluyen el camino artagonés y el francés.
Sobrio y elegante, tiene 110 metros de largo y cuenta con 7 arcos de
medio punto, el más oriental bajo tierra. Entre los arcos se abren unos
arquillos, a modo de respiraderos, que aligeran la estructura y permiten que discurra el
agua cuando el Arga baja crecido.
Fue levantado en el siglo XI, al parecer, por iniciativa de doña Mayor, esposa de Sancho III de Navarra, o doña Estefanía, mujer de García
Nájera, o alguna de aquellas reinas navarras, que ceñían enjoyadas coronas sobre sus
rubias cabelleras, pero para comer el cuto asado se apañaban mejor con las manicas que con la cuberteria de plata.
En Puente la Reina, villa medieval fundada en el siglo XII por
Alfonso I el Batallador, se funden las dos vías principales del Camino de
Santiago, la francesa y la aragonesa, según se venga de Orreaga/Roncesvalles o
de Somport.
Es uno de los mas estrategicos enclaves compostelanos y un claro ejemplo de "pueblo-calle" longitudinal, surgido arropando de la ruta jacobea. La estrecha rúa Mayor coincide con el trazado del camino y a sus lados apenas un par de calles secundarias por aquello de que algo tenia que haber detrás de las casas.
A lo largo de la calle mayor descubriremos joyas arquitectónicas
como las iglesias del Crucifico, Santiago y San Pedro, cada una con su cosa.
La iglesia del Crucifijo está presidida por una insólita cruz de
madera en forma de "Y". Según cuentan, fue donada en el siglo XV por unos peregrinos alemanes que la trajeron a
cuestas desde las lejanas montañas germánicas.
En la iglesia de
Santiago, destaca la talla policromada de Santiago apóstol, denominado
"beltza" no sé si por su por su tez morena, o porque está un poco
sucia por el implacable paso del tiempo, que todo oscurece.
Todo lo contrario le ocurria a la imagen de la Virgen
del Puy o del Txori, que se guarda en la
parroquia de San Pedro. De ella cuenta la
leyenda que era visitada a diario por un pajarillo (de ahí el nombre) que le
quitaba las telarañas con sus alas y le lavaba la cara con su pico después de
recoger agua del Arga y la dejaba reluciente como una patena, que daba gloria
verla.
amica veritas, sed magis amicus plauto
Hace ya algunos años, paseaba yo por la calle Tarnok de Budapest, con la mirada atenta del viajero, cuando me sobrevino un estremecimiento que en un principio confundí con un retortijón intestinal. Sin embargo, cuando profundicé un poco más en el autodiagnóstico, entendí que en realidad lo que me sobrecogía era la contemplación de tanta belleza, una especia de mal de Sthendal en versión austrohúngara.
En aquel momento pensé que sería muy egoísta reservarme esa experiencia y decidí compartirla con aquellos a los que el destino no les habia deparado la oportunidad de visitar esa ciudad. Pero tambien con los que habían pasado por allí y no habían experimentado esa fruición contemplativa, como vaca sin cencerro, acaso porque la naturaleza les había negado esa sensibilidad exquisita con la que a mi me había dotado tan generosamente.
Llevado por este altruista impulso, me agencié un cuaderno y un rotulador Edding y empecé a esbozar dibujos como un poseso, en el afán de reflejar cuanto encontraba en mi camino y de plasmar mis impresiones de una manera mas o menos perdurable. Así nació el primer ejemplar de los cuadernos de viaje que componen esta colección. A partir de entonces -a la manera de los viajeros clásicos como Delacroix o Víctor Hugo- siempre que me dispongo a emprender un nuevo viaje, reservo en mi maleta un sitio para el cuaderno, entre los gayumbos y el neceser.
Debido a la desmesura de alguna de las opiniones vertidas en estas crónicas, la cautela aconsejaba ocultar mi identidad. Para evitar ser objeto de persecución política, decidí ampararme en el anonimato, inventando un alter ego al que llamé el aventurero. Aun así, mis detractores opinan que tal grandilocuencia no era sino una excusa que para poder hablar de mi mismo en tercera persona, como Julio Cesar o el Papa.
Nadie espere encontrar en estas páginas una guía de viaje, ni un exhaustivo glosario de monumentos. Ni una descripción fiel de los lugares visitados, ni una reflexión sensata sobre los usos y costumbres. Tan solo un inconexo puñado de dibujos, acompañados por el relato de anécdotas carentes de interés y algunos datos totalmente prescindibles e inexactos. Esa es otra: Ni siquiera puedo garantizar la fiabilidad de los textos. A menudo son cosas que he oído o leído aquí y allá, cuando no son directamente inventadas, fruto de una trasnochada imaginación, como muy bien han señalado algunos de mis detractores.
En la última secuencia de la película de Jonh Ford “El hombre que mató a Liberty Balance”, James Stewart le reprocha a un periodista la falta de rigor en algunas informaciones publicadas. El periodista se defiende: “Mira, James Stewart, en el oeste cuando la leyenda mola mas que la realidad imprimimos la leyenda”.
Con similar menosprecio a la verdad, yo, que solo pretendo evidenciar la paradoja del alma humana, escribo desde una ignorancia que haría avergonzarse, no ya a cualquier historiador aficionado, sino a cualquier persona de bien.
Vayan pues mis excusas para todos aquellos a quienes no correspondo con la veracidad que se merecen. En cualquier caso, espero que quienes recalen por estas páginas encuentren aquí motivo de solaz y esparcimiento, ya que otra cosa no pretendo.
Ahora, merced al avance de las nuevas tecnologías y para estupor de mis dichosos detractores, estos cuadernos pueden ser consultados en la red y quedan al alcance tanto de los curiosos como de los estudiosos de esta basta y vasta obra.