En el pricipio era el desierto. Un desierto implacable que se deplegaba desde el oceano Atlántico, asolando Africa entera de oeste a este con sus vientos ardientes.
Frente a él, una unica fuerza capaz de frenarlo: El rio Nilo, padre de todas las civilizaciones, que con sus crecidas anuales volvía fertil lo que el desierto había invadido.
Quizas esta lucha titánica que venia repitiendose desde tiempo inmemorial, avocó a los antiguos egipcios a expresarse mediante una arquitectura colosal , donde todas las dimensiones eran desmesuradas, ajena a las medidas humanas.
Miles de años mas tarde el presidente egipcio Nasser intenta ordenar las fuerzas de la natuaraleza, en lo que será la ultima obra faraonica: la presa de Asuan
Un dique de mas de cien metros de altura que pone una barrera al Nilo. Al otro lado el lago Nasser, el mayor embalse natural del mundo, con llega hasta Sudáqn con sus casi 500 kilometros de largo.
La presa consiguió evitar las temibles inundaciones y sequias de antaño y ha llegado a generar hasta la mitad de la electricidad necesaria para el consumo de todo Egipto.
Sin embargo, las consecuencias mediambientales han sido numerosas: sedimentación excesiva aguas arriba, erosión aguas abajo, desaparición de especies animales que efectuaban migraciones a lo largo del río, destrucción y salinización de los deltas al penetrar las aguas saladas en los terrenos cercanos a la desembocadura, disminución de la productividad en las pesquerías, emigración de animales marinos al suprimirse la barrera de la salinidad, subida del nivel de las aguas freáticas en las vegas cercanas, contaminación del río provocada por los fertilizantes, herbicidas y pesticidas, y proliferacion de animales que transmiten enfermedades, tales como el mosquito Anopheles, que provoca la malaria y los caracoles que propagan el parásito de la bilharziasis.
Vamos, del nivel de las doce plagas biblicas que Jahvé mandó al faraón.