viernes, 31 de marzo de 2017

central

 
 

El Café Central de Madrid, es uno de los locales de jazz de referencia a nivel mundial. Tete Montoliú, Don Pullen, George Adams, Wynton Marshalis, Chano Domínguez, Paquito D’Rivera, Lou Benett, Jorge Pardo y muchos mas, no solo del mundo del jazz, han tocado en su escenario. Javier Krahe grabó aquí el que fue su ultimo disco.
Encimeras de mármol, grandes ventanales a la Plaza del Angel, y unas vidrieras art decó muy chulas.
 
Hace poco estuvo a punto de sucumbir a la renovación de las rentas antiguas, pero el apoyo de muchos aficionados y de las redes sociales salvaron in extremis al lCentral de reconvertirse en un Zara, y hoy en dia vuelve agozar de buena salud. La ultima vez que estuve, me hice una foto con Ray Gelatto.

martes, 21 de marzo de 2017

libertad 8


El café Libertad 8 se encuentra en el número 8 de la calle Libertad. Quizás de ahí le venga el nombre. Lo cierto es que los vientos de  libertad a menudo se colaron por las rendijas de este local. Durante los años de la dictadura fueron un hervidero del antifranquismo. El PCE estuvo ubicado enfrente y la CNT también tuvo un piso no muy lejos de allí. La célula ferroviaria del partido comunista tenía su sede en el mismo local donde hoy está el café.

A partir de los años 90 el café empezó a albergar conciertos de pequeño formato, pero no de pequeño interés. Muchos cantautores de la época empezaron su carrera  musical sobre este minúsculo escenario: Pedro Guerra, Jorge Drexler, Rosana, Ismael Serrano, Amaral…

 La última vez que estuve, el camarero me confundió con Riki Lopez. Desconozco la razón de la equivocación porque poco tenemos en común el cantautor mallorquín y yo, excepto quizás la descarnada alopecia que a ambos nos asola.  A él un día, tras  un concierto, le dijeron unos espectadores “HAS ESTADO BRILLANTE!” para advertirle que el brillo de los focos sobre su calva les deslumbraba.

domingo, 19 de marzo de 2017

Bodegas Ricla


 
Otra taberna castiza es Bodegas Ricla en la calle de Cuchilleros nº 6, muy cerquita de la Plaza mayor. Se fundó en 1910, aunque en 1867 ya hay documentada una bodega en el mismo local. Sus fundadores provenían del pueblo de Ricla, en Aragón, y le pareció una idea bonita ponerle al bar el nombre de su pueblo. Se cuenta que durante la guerra civil, los vecinos usaban la cueva como refugio, para protegerse de los bombardeos.
 Se conservan las tinajas donde se servía el vino, recios y aromáticos tintos de Navalcarnero y de Extremadura que se guardaban en las tinajas y que hasta hace no tanto se vendían a granel. Recomendables el vermú de grifo y  las rebanadas de bacalao en aceite.

jueves, 16 de marzo de 2017

barbieri


 
Otro café que se desarrolló a la sombra de un teatro es el  Barbieri, en Lavapiés. Del teatro no queda ni rastro pero parece que en tiempos fue muy conocido por sus espectáculos de varietés, con números picantones  que disparaban la lívido del Madrid finisecular. Cuentan que había un túnel que conectaba el café con el teatro, y que en ocasiones lo usaba Alfonso XIII para sus encuentros furtivos con las cabareteras del teatro, en la tenue intimidad de los camerinos. Ya se sabe que los Borbones nunca fueron remilgados a la hora de acometer a sus reales súbditas.
 

El caso es que el café Barbieri ha sobrevivido a más de un siglo de ajetreadas coyunturas, sin demasiados cambios en su apariencia. En un tiempo fue conocido por su oferta de comida a domicilio, por su ingesta clandestina de absenta en otro. Centro de tertulias en su día, chocolatería en su otro día.
Ultimamente le han dado un lavado de cara a sus desconchadas paredes y un repaso al tapizado de sus butacas. Ahora sus estilizados espejos reflejan el destello de los cocteles y los focos de los conciertos, variados según el  día de la semana, bajo la atenta mirada de la imagen de Erato, hija de Zeus y Mnemósine, musa de la lírica coral y la poesía romántica.

lunes, 13 de marzo de 2017

Pavón



El café Pavón se encuentra en la calle Embajadores, entre la Latina y Lavapiés, en el chaflán de un edificio de arquitectura art decó.

Recientemente se ha traspasado y sus nuevos propietarios, Jorge Rueda y Jose Olivier, lo han reabierto manteniendo todos los elementos originales del local, su barra de estaño, sus grandes ventanales, su suelo de hormigón pulido. Tiraron un falso techo de escayola, y allí aparecieron unos elegantes artesonados de madera que han permanecido escondidos durante años. Total, que los nuevos responsables del cafe Pavón pueden pavonearse de haber mantenido la esencia y el ambiente de este tradicional café de barrio, que igualmente atiende a los espectadores del también restaurado Pavón teatro kamikaze, que se encuentra en el mismo edificio.
Y ahora viene lo mejor: me cuenta Pepón que antes lo atendían dos hermanos bizcos, circunstancia que ya por si sola justifica hacerse cliente habitual. Pero resulta que uno de los camareros que trabaja ahora, después del traspaso, también es bizco ¿es una condición resolutoria que el antiguo propietario impuso a sus adquirentes? ¿Una feliz coincidencia? ¿Un ajuste del equilibrio cósmico?

lunes, 13 de febrero de 2017

callejon del gato

 "En el callejón del Gato hubo hasta hace poco, calzados en la pared y del tamaño del transeúnte de estatura regular, dos espejos, uno cóncavo y otro convexo que deformaban en don Quijote y Sancho a todo el que se miraba en ellos".

 
Ramón Gómez de la Serna

 

Entre la plaza de Santa Ana y la Puerta del Sol pasamos por el Callejon de Alvarez Gato, calle corta y estrecha, peatonal, con algunos bares reseñables, como el Villa-Rosa, uno de los bares más antiguos de Madrid, cuya fachada está ricamente decorada con azulejos del maestro Alfonso Romero, o  la Taberna pompeyana, que reproduce mosaicos bastante subidos de tono (por no decir directamente pornográficos) hallados entre las ruinas de Pompeya.
Pero sin duda lo mas sobresaliente del Callejon del gato se encuentra en la Taberna de las Bravas, un bar bastante anodino en mi opinión, aunque ciertamente habiles en la preparación de esta receta de patatas. Pues bien, en su interior (los del exterior son réplicas de los originales) se conservan los espejos, cóncavo y convexo, que reflejaban las fatídicas  peripecias nocturnas de los protagonistas de luces de bohemia. El poeta ciego  Max Estrella y su fiel amigo Latino de Hispalis, arrastran su miseria por  la noche madrileña y ponderan sus grotescos reflejos estampados en estos espejos. 
 
Por boca de sus personajes Valle-Inclan nos explica su idea del esperpento, genero literario que explora en su obra y cuya invención atribuye a Goya:   "Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato. Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada. España es una deformación grotesca de la civilización europea”

 

martes, 7 de febrero de 2017

Candi



Debeis sin falta acudir a la calle noviciado 16, y entrar en Casa Candi, uno de esos bares totalmente marcados por la personalidad de su dueño. Y lo que le gusta a su dueño es el jolgorio y el cachondeo. Alli siempre hay alguien cantando sin pudor o arengando a la concurrencia. Y si se templa la algarabía, el propio Candi coge su palo flamenco y empieza a aporrearlo. Que el ritmo no pare. Le da igual que la barra esté abarrotada de gente esperando a que les sirvan. Él a lo suyo. Ya atenderá alguien.



Empieza con los desayunos de buena mañana y luego el tapeo y lo que venga. No han de faltar los cacahuetes, oreja de cerdo, olivas, o alguna delicia asturiana. Y si la cocinera (consorte del susodicho) está inspirada,  corazones de pollo. La velada se estira por las noches, a menudo hasta la madrugada, ya con la persiana medio echada. Haga usted lo que quiera. Se puede fumar dentro y beber fuera, que las ordenanzas municipales no son vinculantes en el Candi.

Enrique Urbizu, director bilbaíno asentado en Madrid, para aliviar esa drástica migración,  se asentó en el portal contiguo al Candi y se sentó en el Candi y allí tiene su tasca de cabecera y centro de conciliábulo.

La primera vez que yo fui celebramos el cumpleaños de los hermanos Schwartz, galenos  guanches y excelentes personas, capaces de soplarse unos tercios sin conculcar el juramento hipocrático y, como de costumbre, Candi puso casi tanto empeño en que lo pasaramos bien como en pasárselo bien él.  


viernes, 3 de febrero de 2017

el Palentino



En el barrio de Malasaña, antes tan de la movida y ahora tan hipster, subsiste un local ajeno a todas las modas: el Palentino.
Lamparas florescentes y espejos desazogados. Botellas de Soberano y carteles de Fanta. Su aspecto viejuno podría corresponderse con cualquier otro de la prfunda España. Pero éste está situado en el epicentro de la modernidad, ignorándola displicentemente. Quizas por eso acuden a borbotones los modernetes. Lo mismo te puedes encontrar allí con Calamaro que con la gran Esperanza blanca. Dicen que Hermida fue habitual en su banquillo, que manu Chao grabó allí el videoclip para “Me llaman calle” y que Alex de la Iglesia ha construido una replica del Palentino para rodar su última película “El Bar”.
Conviviendo pacificamente, eso si, con los parroquianos del barrio, que acuden a ver el partido en la tele o a echar la partida, en este templo intemporal de la calle del Pez que continua sirviendo sus botellines a 1,20 euros y su bocatas a dos euros.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Tigre y Benitez




La sidrería el Tigre, en la calle de las Infantas,  es un local frecuentado por estudiantes y juventud de escasos posibles. Es conocida por las tapas que ponen con la consumición. Tortilla, montaditos, paella, patatas bravas… No es que elijas uno de estos pinchos, no. Te lo sacan TODO.  Basta con que pidas una cañita para que te pongan, por la cara, un plato abarrotado de comida, todo ahí amontonado como un barreño. Las cantidades son verdaderamente impresionantes, aunque obvia decir que no es un local para gourmets. De hecho esto,  más que una recomendación, es una advertencia.
El establecimiento del dibujo no es el Tigre, sino la sastrería que tiene en frente, pero que me apetecía más dibujar: confecciones Benitez, la tienda de moda menos de moda que uno pueda imaginar.

martes, 31 de enero de 2017

Luis Candelas

«Anoche una diligencia,
ayer el palacio real,
mañana quizá las joyas
de alguna casa ducal.

 
 


Las cuevas de Luis candelas es un restaurante situado bajo el arco de cuchilleros,  en una de las salidas de la Plaza mayor.

No es un sitio que me resulte atractivo. De hecho nunca he comido allí. Me da la sensación de que se nutre únicamente de guiris, atraídos por una aureola castiza un poco artificial. El restaurante lo fundó un torero retirado y los camareros visten con el atuendo típico de los bandoleros del siglo XIX, con sus redecillas y su trabuco. No te digo más.
Lo que si me atrae y justifica este intranscendente reseña, es el personaje de Luis candelas, que esté sí fue un bandolero real y tenía en estas cavas su guarida.

Un bandido atípico, más bien un ladrón de guante blanco que jamás manchó de sangre sus manos. Como el zorro, llevaba una doble vida.  Ocultaba su identidad como unfuncionario del Estado de la sección del Resguardo de tabacos en Madrid. Y a veces alternaba con la alta sociedad haciéndose pasar por un rico hacendado de Perú.


Consiguió hasta seis veces huir de prisión. En una de esas fue arrestado al atracar la diligencia del embajador de Francia en Torrelodones y además de dinero y joyas, le sustrajo también unos documentos confidenciales y comprometedores. Su segunda gran equivocación, que le costó la vida,  fue asaltar la casa de la modista de la Reina regente, María Cristina de Borbón Dos Sicilias.
Fue condenado a muerte y ejecutado por garrote vil en la Plaza de la cebada en noviembre de 1837. Tenía 31 años.

jueves, 26 de enero de 2017

Lhardy


"Unos conspiran en las tabernas y otros conspiran en Lhardy. Se empieza en los tabernáculos obreros de Vallecas y se acaba dando una cena en Lhardy, porque todo el secreto de la vida nacional está en saltar de la taberna obrerista a Lhardy".
Francisco Umbral



Uno de los locales mas antiguos de Madrid, fue fundado por Emilio Lhardy un pastelero formado en París  que se trasladó a Burdeos a principios del siglo XIX a probar fortuna. Alli conoció a Prospero Merimée, el autor de Carmen, que le convenció para abrir un  restaurante en Madrid.
Lhardy se instaló en la carrera de San Jeronimo con el propósito de ofrecer a los madrileños y, sobre todo, a los extranjeros de paso por la capital gastronomía con un toque cosmopolita.  En palabras de Galdós, Lhardy vino a Madrid a "poner corbata blanca a los bollos de tahona".
Ilustres culos han ocupado sus sillones: la reina Isabel II, su hijoAlfonso XII, Alejandro Dumas, Ramon gomez de la serna, Ignacio Zuloaga, Julian gayarre…
En sus salones se han urdido conspiraciones y se han derrocado Gobiernos.  Primo de Rivera agasajaba a los  ministros de su  Dictadura en el salón japonés, y en el contiguo se decidiía el nombramiento de Alcalá Zamora como presidente de la República.
Actualmente el Lhardy conserva ese aire aristocrático, entre rancio y cosmopolita. Además del bar y el restaurante tiene tienda, pastelería  y varios salones para reuniones exclusivas. Tienen  un consomé de fama internacional, que cada cual se sirve de un sandovan, un prestigiado cocido madrileño y unas barquillas de riñones al jerez que quitan el hipo.

domingo, 22 de enero de 2017

el Comunista




Hablemos hoy de El Comunista, restaurante de comida casera situado entre la plaza de Chueca y el mercado de San Anton. La gente le llama el comunista, porque en remotos tiempos acudian  militantes de la vecina Casa del Pueblo.  Pero no lo busquéis con este nombre. El rotulo que corona sus puertas de madera roja, solo señala “Tienda de Vinos y Comidas”, nombre añejo y descriptivo, que parece tener su origen en los vinos de Valdepeñas que servían a granel directamente del pellejo, en una época en la que eran habituales  Azorín, Alberti o Jacinto Benavente o los hermanos Machado.

El chaval que atiende actualmente es el biznieto de los primeros propietarios Francisca Gómez y Jacinto Pinto, y te diría que aun hoy conviven varias generaciones en la plantilla. En los fogones sigue mandando la matriarca, que imprime a los guisos y pucheros toda su sabiduría de madre de familia numerosa.

Solo abren a la hora de las comidas y de las cenas pero nadie te impedirá que te tomes  una cervecita o un vermú de caña si vas en el horario correspondiente. Y si te quedas a comer pues muy buena elección. Comida casera sin tonterías, en un ambiente centenario

viernes, 20 de enero de 2017

La Venencia



Empecemos por el principio: la Venencia, una taberna situada en el número 7 de la calle Echegaray, especializada en manzanillas, olorosos, amontillados... Ni cerveza, ni riojas, ni cubatas ni pollas en vinagre. Allí solo se sirven vinos de Jerez. .

De hecho, una venencia (etimológicamente proviene de “avenencia”, acuerdo) es un pequeño vaso metálico unido a una varilla flexible, que se usa en Andalucía para extraer el fino del barril y escanciarlo. Las buenas buenas son de pelo de ballena.

En esta taberna del barrio de Huertas también tienen algunas tapas, escasas pero selectas: mojama,  huevas, anchoas, cecina y poco más.

No dejan sacar fotos, no admiten propinas y la capa de mugre permanece intacta desde el día de su inauguración, en 1922. Cierran pronto y sus propietarios te tratan como te mereces. O incluso peor. Aun así es un local con mucho encanto y solera. Imprescindible.

martes, 17 de enero de 2017

bares madrileños


 
 
Últimamente no viajo mucho. Llevo una vida recatada y recoleta, y apenas me muevo de mi barrio. En esta tesitura me cuesta alimentar un blog que lleva el pomposo nombre de Viajes morrocotudos, sin parecer un farsante.

Para salir de este bache creativo se me ha ocurrido reseñar algunos bares de Madrid, que he visitado y dibujado en mis escapadas por la Corte. Una pequeña selección, arbitraria y  subjetiva, como no puede ser de otra manera, en esa babilonia hostelera de la capital. Ya decía Sabina que solo en Antón Martin hay más bares que en Noruega.   Pero puede que alguien  le descubra alguna taberna curiosa y que se anime a visitarla en su próximo viaje. O igual no.

jueves, 12 de enero de 2017

urte berri on


 Hemos sobrevivido a la navidad, y henos aqui dispuestos a afrontar un nuevo año.
 
Entre los muchos propósitos bienintencionados que me he planteo para el 2017 es avivar este blog, que en los últimos tiempos he tenido mas abandonado que el teatro chino de la recientemente fallecida Manolita Chen.
 
Seguiremos, pues, trayendo a este rincon del cibermundo historias absurdas y dibujos remilgados hasta aburrir. Estais advertidos.

amica veritas, sed magis amicus plauto

Hace ya algunos años, paseaba yo por la calle Tarnok de Budapest, con la mirada atenta del viajero, cuando me sobrevino un estremecimiento que en un principio confundí con un retortijón intestinal. Sin embargo, cuando profundicé un poco más en el autodiagnóstico, entendí que en realidad lo que me sobrecogía era la contemplación de tanta belleza, una especia de mal de Sthendal en versión austrohúngara.



En aquel momento pensé que sería muy egoísta reservarme esa experiencia y decidí compartirla con aquellos a los que el destino no les habia deparado la oportunidad de visitar esa ciudad. Pero tambien con los que habían pasado por allí y no habían experimentado esa fruición contemplativa, como vaca sin cencerro, acaso porque la naturaleza les había negado esa sensibilidad exquisita con la que a mi me había dotado tan generosamente.



Llevado por este altruista impulso, me agencié un cuaderno y un rotulador Edding y empecé a esbozar dibujos como un poseso, en el afán de reflejar cuanto encontraba en mi camino y de plasmar mis impresiones de una manera mas o menos perdurable. Así nació el primer ejemplar de los cuadernos de viaje que componen esta colección. A partir de entonces -a la manera de los viajeros clásicos como Delacroix o Víctor Hugo- siempre que me dispongo a emprender un nuevo viaje, reservo en mi maleta un sitio para el cuaderno, entre los gayumbos y el neceser.



Debido a la desmesura de alguna de las opiniones vertidas en estas crónicas, la cautela aconsejaba ocultar mi identidad. Para evitar ser objeto de persecución política, decidí ampararme en el anonimato, inventando un alter ego al que llamé el aventurero. Aun así, mis detractores opinan que tal grandilocuencia no era sino una excusa que para poder hablar de mi mismo en tercera persona, como Julio Cesar o el Papa.



Nadie espere encontrar en estas páginas una guía de viaje, ni un exhaustivo glosario de monumentos. Ni una descripción fiel de los lugares visitados, ni una reflexión sensata sobre los usos y costumbres. Tan solo un inconexo puñado de dibujos, acompañados por el relato de anécdotas carentes de interés y algunos datos totalmente prescindibles e inexactos. Esa es otra: Ni siquiera puedo garantizar la fiabilidad de los textos. A menudo son cosas que he oído o leído aquí y allá, cuando no son directamente inventadas, fruto de una trasnochada imaginación, como muy bien han señalado algunos de mis detractores.



En la última secuencia de la película de Jonh Ford “El hombre que mató a Liberty Balance”, James Stewart le reprocha a un periodista la falta de rigor en algunas informaciones publicadas. El periodista se defiende: “Mira, James Stewart, en el oeste cuando la leyenda mola mas que la realidad imprimimos la leyenda”.



Con similar menosprecio a la verdad, yo, que solo pretendo evidenciar la paradoja del alma humana, escribo desde una ignorancia que haría avergonzarse, no ya a cualquier historiador aficionado, sino a cualquier persona de bien.



Vayan pues mis excusas para todos aquellos a quienes no correspondo con la veracidad que se merecen. En cualquier caso, espero que quienes recalen por estas páginas encuentren aquí motivo de solaz y esparcimiento, ya que otra cosa no pretendo.



Ahora, merced al avance de las nuevas tecnologías y para estupor de mis dichosos detractores, estos cuadernos pueden ser consultados en la red y quedan al alcance tanto de los curiosos como de los estudiosos de esta basta y vasta obra.

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