martes, 20 de abril de 2010

Sanfermines en Morelia

Esta de Tom Cruise no es la primera vez que Holywood recrea los sanfermines con menos rigor histórico que las entradas de este blog

En 1956, Darryl F. Zanuck envió un equipo a Pamplona para azuzar por la calle a unos morlacos y rodar unos encierros en su paisaje original, para la adaptación de la novela 'Fiesta' de Hemingway. Nadie reparó en que era invierno en Navarra, y cuando esperaban rodar unas luminosas tomas bajo el sol radiante, se encontraron con metro y medio de nieve en la calle de la Estafeta, asi que se volvieron para California sin deshacer las maletas. El estudio optó por irse a México a rodar, a Morelia en el estado de Michoacán. Alli recrearon unos sanfermines con charros y mariachis, que les resultaba mano de obra bien barata.


Los protagonistas Ava Gadner y Errol Flynn estaba mas interesados en engullir bloody marys que en la película, y el actor que interpretaba al torero, que ni siquiera era actor sino un vendedor de camisas de Nueva Cork sin ninguna relación con el cine, aparecia toreando una vaquilla del tamaño de un caniche. Hemingway amenazó con sacar la escopeta y presentarse en rodaje, pero al final se tomó unos daiquiris y se olvidó del tema.

Sin embargó no todo el equipo viajó a Morelia. El hijo de Zanuck y algunos mas aprovecharon el viaje a Pamplona para hacer una escapadita a Biarritz, donde se quedaron un tiempo al ver las estupendas olas que alli batían. Asi fue como unos jóvenes diletantes californianos introdujeron el surf en Europa.


12 comentarios:

juanjofdez dijo...

Pero cómo, ¿que no es rigurosamente cierto todo lo que escribes? Si yo ya había sustituido el enlace de la enciclopedía británica por el de viajes morrocotudos en mis favoritos.

EL AVENTURERO dijo...

digamos que es una vision imaginativa de la Historia, juanjo

juanjofdez dijo...

A eso se le llama una realidad histórica enriquecida, así que dejaré tu dirección en vez de la de la británica ;-)

Judax dijo...

Siempre es interesante conocer historias basadas en bloodymarys y daiquiris, es de sobra sabido que suelen ser más reales que las basadas en pricipes y princesitas rosas.

juanjofdez dijo...

97879
quien la sigue la consigue
¿este sí, no?

Judax dijo...

Ese sí que sí. enhorabuena ... grrrrrrrr

EL AVENTURERO dijo...

que chiquillos!

Wendy Pan dijo...

pues menos mal que salió algo bueno de todo aquel desaguisado, hum.
en cuanto a la visión, mejor enriquecer que cocer ramplonamente.
Gracias VEnturero pinturero ;D

judax dijo...

98289 !!!!!!!!!!!!!!!!! Que número más bonito si fuera primo, ¿lo será?

cosmopolitana dijo...

No, no es primo. Divisible entre tres,sin más.

cosmopolitana dijo...

Aventurero, tienes algún viaje planeado para un futuro próximo?

cosmopolitana dijo...

Al séptim@ que entre despues de cosmopolitana le toca el capicúa!

amica veritas, sed magis amicus plauto

Hace ya algunos años, paseaba yo por la calle Tarnok de Budapest, con la mirada atenta del viajero, cuando me sobrevino un estremecimiento que en un principio confundí con un retortijón intestinal. Sin embargo, cuando profundicé un poco más en el autodiagnóstico, entendí que en realidad lo que me sobrecogía era la contemplación de tanta belleza, una especia de mal de Sthendal en versión austrohúngara.



En aquel momento pensé que sería muy egoísta reservarme esa experiencia y decidí compartirla con aquellos a los que el destino no les habia deparado la oportunidad de visitar esa ciudad. Pero tambien con los que habían pasado por allí y no habían experimentado esa fruición contemplativa, como vaca sin cencerro, acaso porque la naturaleza les había negado esa sensibilidad exquisita con la que a mi me había dotado tan generosamente.



Llevado por este altruista impulso, me agencié un cuaderno y un rotulador Edding y empecé a esbozar dibujos como un poseso, en el afán de reflejar cuanto encontraba en mi camino y de plasmar mis impresiones de una manera mas o menos perdurable. Así nació el primer ejemplar de los cuadernos de viaje que componen esta colección. A partir de entonces -a la manera de los viajeros clásicos como Delacroix o Víctor Hugo- siempre que me dispongo a emprender un nuevo viaje, reservo en mi maleta un sitio para el cuaderno, entre los gayumbos y el neceser.



Debido a la desmesura de alguna de las opiniones vertidas en estas crónicas, la cautela aconsejaba ocultar mi identidad. Para evitar ser objeto de persecución política, decidí ampararme en el anonimato, inventando un alter ego al que llamé el aventurero. Aun así, mis detractores opinan que tal grandilocuencia no era sino una excusa que para poder hablar de mi mismo en tercera persona, como Julio Cesar o el Papa.



Nadie espere encontrar en estas páginas una guía de viaje, ni un exhaustivo glosario de monumentos. Ni una descripción fiel de los lugares visitados, ni una reflexión sensata sobre los usos y costumbres. Tan solo un inconexo puñado de dibujos, acompañados por el relato de anécdotas carentes de interés y algunos datos totalmente prescindibles e inexactos. Esa es otra: Ni siquiera puedo garantizar la fiabilidad de los textos. A menudo son cosas que he oído o leído aquí y allá, cuando no son directamente inventadas, fruto de una trasnochada imaginación, como muy bien han señalado algunos de mis detractores.



En la última secuencia de la película de Jonh Ford “El hombre que mató a Liberty Balance”, James Stewart le reprocha a un periodista la falta de rigor en algunas informaciones publicadas. El periodista se defiende: “Mira, James Stewart, en el oeste cuando la leyenda mola mas que la realidad imprimimos la leyenda”.



Con similar menosprecio a la verdad, yo, que solo pretendo evidenciar la paradoja del alma humana, escribo desde una ignorancia que haría avergonzarse, no ya a cualquier historiador aficionado, sino a cualquier persona de bien.



Vayan pues mis excusas para todos aquellos a quienes no correspondo con la veracidad que se merecen. En cualquier caso, espero que quienes recalen por estas páginas encuentren aquí motivo de solaz y esparcimiento, ya que otra cosa no pretendo.



Ahora, merced al avance de las nuevas tecnologías y para estupor de mis dichosos detractores, estos cuadernos pueden ser consultados en la red y quedan al alcance tanto de los curiosos como de los estudiosos de esta basta y vasta obra.

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