lunes, 20 de septiembre de 2010

donosti


Tan solo unas lineas para poneros al corriente de la dificil situacion en la que me encuentro.

Estoy en Donosti en el festival de cine, dentro del glamouroso itinerario iniciado en Venecia. De ahi que adjunte este dibujo veneciano, para no interrumpir la serie (y tambien porque no tengo escaner para poner algun dibujo donostiarra) .

El caso es que acabo de darme un bañito matutino en la Concha, y ahora he quedado con el fugitivo para ir a ver a Julia Roberts, una de sus actrices fetiche.
Luego a comer pintxos, siesta y mas peliculas.

Que dura es la vida del aventurero!

9 comentarios:

juanjofdez dijo...

Lo tuyo es de terapia, si necesitas una migo para apoyar estos momentos difíciles en los que te encuentras no dudes en llamarme.

Judax dijo...

Una vida demasiado dura, JA

El licenciado dijo...

Con la intensidad y concentración con la que vives tus viajes, supongo que estara siendo agotador!! A la vuelta podrás disfrutar de un merecido descanso!!

Muskilda dijo...

Que estrés, por Dios...
Tendrás que tomarte unos potes por el casco viejo bilbaino para descansar de tanta cultura...

cosmopolitana dijo...

Aventurero, tienes unos seguidores muy irónicos y muy sarcásticos, seguro que están todos trabajando. Yo creo que te lo montas de la leche y que nada de esto estresa ni cansa, sobre todo los viajes (ya sabido por todos)organizados.

El Licenciado dijo...

Quien dijo que yo soy amigo del aventurero!! Nuestra relación es interesada y puramente mercantil!!

Judax dijo...

Visitante nº 111111. No tengo palabras ante un "Cap i cua" tan brutal, lo considero un premio a la perseverancia. El Aventurero tan ocupado con sus estresses mientras le visitábamos esperando ansiosamente una nueva entrada que no aparecía.

Ya tenemos de nuevo al Aventurero en marcha y, sin pretensiones, me he convertido en su humilde seguidor nº 111111, 6 veces el número 1 ... joé, se me caen las lágrimas.

El crítico Larrauri dijo...

Aventurero...ese ritmo te puede provocar agotamiento..pidete unos mosocos a la vuelta.

Wendy Pan dijo...

Oooooh, que envidia-nada-sana me das y eso que acabo de volver de Gran Canaria de visitar a nuestra querida 'Ventilador-de-madera'. Yo fui de Palma a Palmas y tiro por que me toca y tu, querido BajiVenturero festivaleando sin parar.
Espero que Julia os diese un beso en los morros como al Javi, aunque igual sin el querido Presi de guardaspaldas teníais demasiada pinta de grupi (a mi me encanta ser grupi de gente fantástica y con talento). ESpero que siga durmiendo desde la última vez que le vi por la tele, el día del premio en San Sebastian.
Tú, querido culo inquieto, ya dormiras cuando vuelvas al curro jurjurjur

amica veritas, sed magis amicus plauto

Hace ya algunos años, paseaba yo por la calle Tarnok de Budapest, con la mirada atenta del viajero, cuando me sobrevino un estremecimiento que en un principio confundí con un retortijón intestinal. Sin embargo, cuando profundicé un poco más en el autodiagnóstico, entendí que en realidad lo que me sobrecogía era la contemplación de tanta belleza, una especia de mal de Sthendal en versión austrohúngara.



En aquel momento pensé que sería muy egoísta reservarme esa experiencia y decidí compartirla con aquellos a los que el destino no les habia deparado la oportunidad de visitar esa ciudad. Pero tambien con los que habían pasado por allí y no habían experimentado esa fruición contemplativa, como vaca sin cencerro, acaso porque la naturaleza les había negado esa sensibilidad exquisita con la que a mi me había dotado tan generosamente.



Llevado por este altruista impulso, me agencié un cuaderno y un rotulador Edding y empecé a esbozar dibujos como un poseso, en el afán de reflejar cuanto encontraba en mi camino y de plasmar mis impresiones de una manera mas o menos perdurable. Así nació el primer ejemplar de los cuadernos de viaje que componen esta colección. A partir de entonces -a la manera de los viajeros clásicos como Delacroix o Víctor Hugo- siempre que me dispongo a emprender un nuevo viaje, reservo en mi maleta un sitio para el cuaderno, entre los gayumbos y el neceser.



Debido a la desmesura de alguna de las opiniones vertidas en estas crónicas, la cautela aconsejaba ocultar mi identidad. Para evitar ser objeto de persecución política, decidí ampararme en el anonimato, inventando un alter ego al que llamé el aventurero. Aun así, mis detractores opinan que tal grandilocuencia no era sino una excusa que para poder hablar de mi mismo en tercera persona, como Julio Cesar o el Papa.



Nadie espere encontrar en estas páginas una guía de viaje, ni un exhaustivo glosario de monumentos. Ni una descripción fiel de los lugares visitados, ni una reflexión sensata sobre los usos y costumbres. Tan solo un inconexo puñado de dibujos, acompañados por el relato de anécdotas carentes de interés y algunos datos totalmente prescindibles e inexactos. Esa es otra: Ni siquiera puedo garantizar la fiabilidad de los textos. A menudo son cosas que he oído o leído aquí y allá, cuando no son directamente inventadas, fruto de una trasnochada imaginación, como muy bien han señalado algunos de mis detractores.



En la última secuencia de la película de Jonh Ford “El hombre que mató a Liberty Balance”, James Stewart le reprocha a un periodista la falta de rigor en algunas informaciones publicadas. El periodista se defiende: “Mira, James Stewart, en el oeste cuando la leyenda mola mas que la realidad imprimimos la leyenda”.



Con similar menosprecio a la verdad, yo, que solo pretendo evidenciar la paradoja del alma humana, escribo desde una ignorancia que haría avergonzarse, no ya a cualquier historiador aficionado, sino a cualquier persona de bien.



Vayan pues mis excusas para todos aquellos a quienes no correspondo con la veracidad que se merecen. En cualquier caso, espero que quienes recalen por estas páginas encuentren aquí motivo de solaz y esparcimiento, ya que otra cosa no pretendo.



Ahora, merced al avance de las nuevas tecnologías y para estupor de mis dichosos detractores, estos cuadernos pueden ser consultados en la red y quedan al alcance tanto de los curiosos como de los estudiosos de esta basta y vasta obra.

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