lunes, 21 de octubre de 2013

Eunate


Merece la pena desviarse  del Camino oficial un par del kilometrospara acercarse a la iglesia románica de Santa Maria de Eunate, una de las mas sugerentes de toda la ruta. Se alza sollitaria e imponente a la luz del crepusculo,  con su singular estructura octogonal y simétrica.
 Rodeada  por una arquería aislada y exenta. Unica, sin otros antecedentes constructivos, se compone de 33 arcos, que en la toponimia euskaldun de Eunate se convirtieron en cien puertas.
Su origen esta salpicado de misterio, pero se cree que fue levantada por los templarios en el siglo XII, a imagen de la iglesia  del Santo Sepulcro de Jerusalén. Aunque en realidad el modelo que siguen todas las iglesias octogonales  de occidente es la iglesia de la Cúpula de la Roca, también en Jerusalén y de origen musulmán. Construida entre los años 687- 691, por orden del califa Abb-el-Malik, fue donada en 1118 por Balduino, rey de Jerusalén, a la Orden de los Caballeros del Templo. Por lo demás,  resulta un hecho probado que en la Europa cristiana, la mayoría de las construcciones con planta octogonal eran de origen templario.
La planta octogonal de Eunate obedece a una interpretación medieval del cosmos que se conoce como” El Universo según Juan Escoto Eriurgena” que entronca con las Melodia de las Esferas Celestes, inspiradas en Pitagoras, pero también en Tolomeo, Plinio y Eratostenes. La tecnica constructiva de Eunate esta claramente impregnada de conocimientos matemáticos y astronómicos adquiridos mucho tiempo atras, a través de sus antecesores árabes, romanos y griegos. Era una gente muy lista la que levantó este templo.
Como en otras iglesias románicas los capiteles y las arquivoltas están repletas de criaturas monstruosa, enigmáticas y amenazantes, que nos envían desasosegantes mensajes. La penumbra del interior es sobrecogedora y cada una de sus piedras de sillería traspira una extraña espiritualidad.

2 comentarios:

Foro Club del Romanico dijo...

Hemos cambiado la dirección web, en la que encontrará el artículo original "Eunate, meolodía de las esferas celewstes" http://www.circulo-romanico.com/index.php?menu_id=5&jera_id=1199&page_id=922&cont_id=1561

Felicidades por la publicvación de este blog, instructyivo y ameno sobre cuestiones medievales muy interesantes

josia dijo...

Bueno, hay que desviarse si haces el Camino del Norte, pero está en pleno Camino de Aragón.

amica veritas, sed magis amicus plauto

Hace ya algunos años, paseaba yo por la calle Tarnok de Budapest, con la mirada atenta del viajero, cuando me sobrevino un estremecimiento que en un principio confundí con un retortijón intestinal. Sin embargo, cuando profundicé un poco más en el autodiagnóstico, entendí que en realidad lo que me sobrecogía era la contemplación de tanta belleza, una especia de mal de Sthendal en versión austrohúngara.



En aquel momento pensé que sería muy egoísta reservarme esa experiencia y decidí compartirla con aquellos a los que el destino no les habia deparado la oportunidad de visitar esa ciudad. Pero tambien con los que habían pasado por allí y no habían experimentado esa fruición contemplativa, como vaca sin cencerro, acaso porque la naturaleza les había negado esa sensibilidad exquisita con la que a mi me había dotado tan generosamente.



Llevado por este altruista impulso, me agencié un cuaderno y un rotulador Edding y empecé a esbozar dibujos como un poseso, en el afán de reflejar cuanto encontraba en mi camino y de plasmar mis impresiones de una manera mas o menos perdurable. Así nació el primer ejemplar de los cuadernos de viaje que componen esta colección. A partir de entonces -a la manera de los viajeros clásicos como Delacroix o Víctor Hugo- siempre que me dispongo a emprender un nuevo viaje, reservo en mi maleta un sitio para el cuaderno, entre los gayumbos y el neceser.



Debido a la desmesura de alguna de las opiniones vertidas en estas crónicas, la cautela aconsejaba ocultar mi identidad. Para evitar ser objeto de persecución política, decidí ampararme en el anonimato, inventando un alter ego al que llamé el aventurero. Aun así, mis detractores opinan que tal grandilocuencia no era sino una excusa que para poder hablar de mi mismo en tercera persona, como Julio Cesar o el Papa.



Nadie espere encontrar en estas páginas una guía de viaje, ni un exhaustivo glosario de monumentos. Ni una descripción fiel de los lugares visitados, ni una reflexión sensata sobre los usos y costumbres. Tan solo un inconexo puñado de dibujos, acompañados por el relato de anécdotas carentes de interés y algunos datos totalmente prescindibles e inexactos. Esa es otra: Ni siquiera puedo garantizar la fiabilidad de los textos. A menudo son cosas que he oído o leído aquí y allá, cuando no son directamente inventadas, fruto de una trasnochada imaginación, como muy bien han señalado algunos de mis detractores.



En la última secuencia de la película de Jonh Ford “El hombre que mató a Liberty Balance”, James Stewart le reprocha a un periodista la falta de rigor en algunas informaciones publicadas. El periodista se defiende: “Mira, James Stewart, en el oeste cuando la leyenda mola mas que la realidad imprimimos la leyenda”.



Con similar menosprecio a la verdad, yo, que solo pretendo evidenciar la paradoja del alma humana, escribo desde una ignorancia que haría avergonzarse, no ya a cualquier historiador aficionado, sino a cualquier persona de bien.



Vayan pues mis excusas para todos aquellos a quienes no correspondo con la veracidad que se merecen. En cualquier caso, espero que quienes recalen por estas páginas encuentren aquí motivo de solaz y esparcimiento, ya que otra cosa no pretendo.



Ahora, merced al avance de las nuevas tecnologías y para estupor de mis dichosos detractores, estos cuadernos pueden ser consultados en la red y quedan al alcance tanto de los curiosos como de los estudiosos de esta basta y vasta obra.

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