viernes, 18 de mayo de 2012

Pedro de Ursua


En este caserón de Arizkun, en el corazón del Baztan, nació en 1526 Pedro de Ursua, el que luego marcharía a las Ameritas y acometería la expedición al Dorado, mitica ciudad donde el oro era tan abundante, que hasta las calles estaban pavimentadas con el reluciente metal. Esta empresa ya habia sido intentada por Pizarro y Orellana con fatídicos resultados.

Era Ursua de mediana estatura, bien formado y elegante, aunque muy delgado; de rostro blanco y pálido. Usaba la barba entera, bien poblada y de color bermejo. La expresión de su fisonomía era alegre y animada. Se habia ganado un prestigio pacificando a los Sabayá, cimarrones y otros indios belicosos, que no acababan de ver las ventajas de pertenecer a la corona de española . Tambien fundó en Colombia una ciudad llamada Pamplona y otra Tudela, muy navarrico él.

Total, que en 1558 el virrey de Perú nombró a Ursúa jefe de una nueva expedición para descubrir El dorado y le dio toda clase de facilidades para prepararla. En septiembre de 1560, después de un año de preparativos, emprendió la marcha por el Amazonas con cuatrocientos soldados escogidos, gran número de indios y algunas mujeres españolas, entre ellas su amante, Inés de Atienza.

Pero el oro no aparecía y las penalidades aumentaban, asi que la tropa empezó a disgustarse y a conspirar. Cuando mayor ilusión tenía el hombre, fue traicionado por uno de los suyos, el capitán Lope de Aguirre. El traidor guiputxi provocó un motín en el que el capitan baztanés fue asesinado a puñaladas. Lope de Aguirre, tomó el mando de la expedición, que desembocó en los sucesos sangrientos y desafortunados que rigieron la busqueda de aquellas míticas riquezas.

Aguirre envía a Felipe II una carta, llena de amargura y decepción, donde le acusa de "tener las manos limpias mientras otros se las manchan con sangre propia y ajena en su beneficio", y declara la guerra a España. Siglos más tarde, Simón Bolívar consideraría esta carta como "la primera declaración de independencia del Nuevo Mundo".

Al menos una película de Werner Herzog y otra de Saura reconstruyen aquella epopeya en busca del Dorado

4 comentarios:

La extraña pareja dijo...

Por casualidad, ¿es esa en la que el susodicho Herzog casi mata tras una discusión al insufrible Klaus Kinski?

EL AVENTURERO dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
EL AVENTURERO dijo...

creo que eso ocurria en el rodaje de fitzcarraldo, extraña pareja

Judax dijo...

Debieron tener varios incidentes de aúpa. Kinski tiene mucho de Lope de Aguirre, en el rodaje de Cobra Verde intentó agredir a Herzog y abandonó el rodaje, y me suena que, para la desesperación del director, organizó una huelga de los extras africanos.

amica veritas, sed magis amicus plauto

Hace ya algunos años, paseaba yo por la calle Tarnok de Budapest, con la mirada atenta del viajero, cuando me sobrevino un estremecimiento que en un principio confundí con un retortijón intestinal. Sin embargo, cuando profundicé un poco más en el autodiagnóstico, entendí que en realidad lo que me sobrecogía era la contemplación de tanta belleza, una especia de mal de Sthendal en versión austrohúngara.



En aquel momento pensé que sería muy egoísta reservarme esa experiencia y decidí compartirla con aquellos a los que el destino no les habia deparado la oportunidad de visitar esa ciudad. Pero tambien con los que habían pasado por allí y no habían experimentado esa fruición contemplativa, como vaca sin cencerro, acaso porque la naturaleza les había negado esa sensibilidad exquisita con la que a mi me había dotado tan generosamente.



Llevado por este altruista impulso, me agencié un cuaderno y un rotulador Edding y empecé a esbozar dibujos como un poseso, en el afán de reflejar cuanto encontraba en mi camino y de plasmar mis impresiones de una manera mas o menos perdurable. Así nació el primer ejemplar de los cuadernos de viaje que componen esta colección. A partir de entonces -a la manera de los viajeros clásicos como Delacroix o Víctor Hugo- siempre que me dispongo a emprender un nuevo viaje, reservo en mi maleta un sitio para el cuaderno, entre los gayumbos y el neceser.



Debido a la desmesura de alguna de las opiniones vertidas en estas crónicas, la cautela aconsejaba ocultar mi identidad. Para evitar ser objeto de persecución política, decidí ampararme en el anonimato, inventando un alter ego al que llamé el aventurero. Aun así, mis detractores opinan que tal grandilocuencia no era sino una excusa que para poder hablar de mi mismo en tercera persona, como Julio Cesar o el Papa.



Nadie espere encontrar en estas páginas una guía de viaje, ni un exhaustivo glosario de monumentos. Ni una descripción fiel de los lugares visitados, ni una reflexión sensata sobre los usos y costumbres. Tan solo un inconexo puñado de dibujos, acompañados por el relato de anécdotas carentes de interés y algunos datos totalmente prescindibles e inexactos. Esa es otra: Ni siquiera puedo garantizar la fiabilidad de los textos. A menudo son cosas que he oído o leído aquí y allá, cuando no son directamente inventadas, fruto de una trasnochada imaginación, como muy bien han señalado algunos de mis detractores.



En la última secuencia de la película de Jonh Ford “El hombre que mató a Liberty Balance”, James Stewart le reprocha a un periodista la falta de rigor en algunas informaciones publicadas. El periodista se defiende: “Mira, James Stewart, en el oeste cuando la leyenda mola mas que la realidad imprimimos la leyenda”.



Con similar menosprecio a la verdad, yo, que solo pretendo evidenciar la paradoja del alma humana, escribo desde una ignorancia que haría avergonzarse, no ya a cualquier historiador aficionado, sino a cualquier persona de bien.



Vayan pues mis excusas para todos aquellos a quienes no correspondo con la veracidad que se merecen. En cualquier caso, espero que quienes recalen por estas páginas encuentren aquí motivo de solaz y esparcimiento, ya que otra cosa no pretendo.



Ahora, merced al avance de las nuevas tecnologías y para estupor de mis dichosos detractores, estos cuadernos pueden ser consultados en la red y quedan al alcance tanto de los curiosos como de los estudiosos de esta basta y vasta obra.

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