Frangokastello es un pequeño pueblo con
algunas tabernas dispersas, situado al sureste de la prefectura de Chania y a
12 km de Sfakia.
Junto a la hermosa playa de Frangokastello se
levanta un antiguo castillo de
forma rectangular, tosco y desafiante. Fue construido por los
venecianos en el año 1374 para defenderse de los piratas y controlar a los rebeldes
Sfakiotas, que se consideran los mas cretenses de todo Creta. Su construcción
enfureció a los montaraces lugareños, que noche tras noche destruían lo construido
por la mañana.
El nombre del castillo tampoco agradó de los Sfakiotas
quienes se negaban a utilizar el nombre impuesto por los venecianos “el
castillo de San Nikitas”, llamándolo despectivamente “el Frangokastello”,
palabra derivada de “el castillo de los francos o castillo de los católicos
extranjeros”.
Esta fortificación ha sufrido numerosas
batallas. La más sangrienta fue tambien la mas emblemática para los cretenses.
Ocurrióe el 17 de mayo de 1828 entre la resistencia cretense y el ejército
Otomano. El independentista Hadzi Michalis se refugió en Frangokastello con
unos 300 seguidores. Durante una semana resistió el asedio de 8000 turcos al
mando de Mustafá Naiili Pachá. Finalmente cayó la fortale3za y Michalis y los
suyos fueron masacrados.
Sin embargo no murieron del todo, ya que, según
cuenta la leyenda, los caídos en la batalla resucitan cada año, la noche del 17
de mayo, al alba antes de que salga el primer rayo de sol para continuar el
combate. Durante la 2ª Guerra Mundial, esta
tropa fastasmal se apareció ante una guarnición de soldados alemanes que
incluso llegaron a abrir fuego.
No sé si Iker Jimenez podría certificar esta
aparición, pero es innegable que el lugar encierra un cierto ambiente extraño y
fantasmal, que se acentúa al caer la noche cuando se encienden las luces del castillo y suinterior queda
despoblado.
Para
llegar a la paradisiaca playa de Preveli hay que pasar cerca del monasterio de Moní Préveli, otrora uno de los mas
importantes de Creta. Situado entre
Asómatos y Lefkóia, en el fértil valle
del río Megalopótamos, Moní Préveli está formado por dos monasterios: el
monasterio de Áyios Ioánis (San Juan teológo), conocido como Piso Moni, y el Monasterio de San Juan
Bautista, conocido como Kato Moni.
Este
monasterio siempre ha estado ligado a movimientos insurgentes y de resitencia
al invasor y siempre ha ofrecido apoyo y refugio para todos aquellos que lo han
necesitado. El Abad Efrain participó en
la rebelión de 1770 contra los turcos y fue condenado a muerte . Su sucesor el
abad Melhisedek Tsouderos, que descendía de la familia real del imperio
Bizantino, fue uno de los líderes locales de la revolución contra la ocupación
Turca de 1821. Moriría en el campo de batalla después de que los otomanos
destruyenan el monasterio.
Más
tarde, durante la ocupación nazi, el monasterio se convirtió en el refugio de
las tropas aliadas que quedaron atrapadas en Creta, muchas de ellas
australianas, y que fueron perseguidas por el ejército alemán. Los monjes
alimentaron a los soldados, durante la Segunda
Guerra Mundial, y organizaron grupos para escapar de la isla mediante
submarinos: el primer grupo consiguió llegar a Egipto, pero el segundo fue descubierto por el ejército alemán. Los boches
volvieron a destruir el monsaterio y mandaron a los monjes a la prisión de Frikas.
Intentaron arrestar también al abad Agathelos Lagouvrados, pero éste consiguió
escapar y refugiarse en Oriente Medio .
Salio el
sol con fogoso empeño y nos lanzamos a buscar aguas refrescantes. Fuimos a
pasar el dia a las playas del sur de
Rethymno. Plakias, Preveli y Ligres. Estas tres playas van una seguida de la
otra si miras el mapa, pero luego, sobre el escarpado terreno no es tan facil llegar
a cada una.
La de mas
difícil acceso, pero también la mas bonita es la playa de Preveli. Para llegar, hay que bajar cerca de 600 peldaños
de piedra en una escalera que va bordeando el acantilado y desafiando al vértigo.
Y eso no es todo: lo peor es que a la vuelta hay que trepar los 600
escalonazos. Agotador. (Aunque los listos pasan del coche y se trasladan en uno
de los barcos que salen de cuando en vez desde Plakias y Agia Galini)
Ahora
bien, hay que reconocer que lo que hay abajo merece la pena. El río
Kourtaliotis o Megapotamos crea un delta en esta singular playa, discurriendo en su último tramo paralelo a la orilla del mar y desembocando justo en un extremo de la playa de
suave y fina arena. Un poco antes un oasis de palmeras, escolta las cristalinas
aguas del rio color verde y Además de las magníficas palmeras, lo mejor es
instalarse a la sombra en la zona
arbolada rodea la playa y el río, ya que no hay nadie que alquile sombrillas ni
tumbonas ni nada, aunque sí que hay un chiringuito, por si uno necesita remojar
el gaznate con una buena pinta de cerveza.
Una recomendación gastronomica para hoy: el restaurante Lemono o Lemon, en Rethymno, Creta.
Comida mediterranea con fundamento, en un local agradable con un frondoso jardin. El servicio excelente. Todo el personal muy simpatico. Incluido el jefe que haba perfectamente castellano. En un momento dado le pedimos un poco de limon para el pescado, y se subió a una silla, cogió el mas lozano del limonero que tienen en medio del jardin, lo cortó por la mitad y nos lo dio.
Los venecianos son los que mayor impronta
dejaron en la imagen de Rethynmo. Tras la caída de Constantinopla, muchos
eruditos bizantinos buscaron refugio en Rethymno y la ciudad se convirtió en un
importante centro intelectual y cultural. Durante este periodo veneciano, se
construyeron impresionantes edificios públicos y mansiones privadas que
sobrevivieron hasta nuestros días. Para muestra la elegante Fuente Rimondi, construida
en 1626 por una de las familias nobles de la ciudad, y donde, aun hoy, puede uno pegarse un buen trago de agua fresca en las cálidas tardes de verano.
La
ciudad de Rethymno ( también
conocida como Retimnon o Rethymnon, que con la grafía griega parece que todo
está permitido), se encuentra en el centro de Creta. Es la tercera ciudad más
grande de la isla de Creta, y nos ofrece hermosos vestigios medievales venecianos y
turcos.
Rethymno
ocupa en enclave privilegiado, en una amplia y poco profunda bahía y además cuenta con una bonita playa justo en el
centro del pueblo.
Sobre
un cabo
se levanta la fortaleza
veneciana, el Paleokastro (‘Castillo Viejo’). una de las mayores construcciones
de su clase. Fue levantada en 1573, con cuatro bastiones y tres puertas. Dentro
de sus murallas se encuentra la mezquita Ibrahim Han, que originalmente era la
catedral veneciana.
A
pesar de su aspecto sólido e inexpuganble, a lo largo de la Historia la
fortaleza ha sido asediada y asaltada
por todo chichibirichi. Los venecianos, los turcos, los egipcios, los rusos.
Todo el que pasaba por ahí, invadía la ciudad, incluso el célebre pirata Barbarroja.
Un
corsario calabrés, Giovanni Dionigi Galeni, tomó la fortaleza en 1571. Giovanni
fue capturado por los piratas cuando era niño, y obligado a convertirse en
esclavo de galera. De mayorcito, se unió a los corsarios y se convirtió al Islam. Giovanni
fue conocido por muchos nombres, pues sus villanías aterrorizaron al
Mediterráneo. Su crueldad y violencia le hiceron tan famoso que incluso aparece en El Quijote,
de Cervantes, bajo el nombre de ‘Uchalí’.

Apenas a cinco kilómetros
de Heraklyon se encuentran las ruinas del
Palacio de Knossos, el principal vestigio de la cultura minoica.
Llama la atención que la organización arquitectónica
del palacio forma un espectacular laberinto de callejuelas y pasajes en zigzag
que ponen a prueba nuestro sentido de la orientación, y dan sentido a la
leyenda de Teseo y el Minotauro. Y es que, según la mitología, el palacio Knossos
era el laberinto donde moraba esa monstruosa
criatura, con cuerpo de hombre y cabeza de toro.
La historia de su concepción tiene su guasa. Poseidón
había entregado al rey Minos un fabuloso toro blanco, con la orden de
sacrificarlo en su honor. Minos desobedeció al dios, y mantuvo al toro en su
corte con desastrosas consecuencias: al parecer el toro era tan resultón que la
mujer del rey, Pasifae, se enamoró de él y, ni corta ni perezosa, se dijo “me
lo tiro”. Se puso una piel de vaca para encender en el morlaco las ganas de montarla
y consumó el bizarro acoplamiento.
Fruto de esta unión nació el Minotauro, un ser violento que
se alimentaba de carne humana. Para esconder su vergüenza y proteger a su
pueblo, el rey Minos rogó al inventor Dédalo que le construyera un laberinto en
Knossos, del que el monstruo nunca pudiera salir. Cada nueve años, a fin de
apaciguarlo, Minos le ofrecía la bestia, siete mujeres y siete muchachos, que
eran aportados por Atenas como pago de
un tributo al Rey de Creta.
En una de esas, Teseo se ofreció voluntario como
víctima, con la intención de matar al Minotauro y liberar a Atenas del cruel tributo.
Ariadna, la hija del rey, que se había enamorado de Teseo, le ofrece su ayuda
con la condición de que se case con ella.
Acordado el casamiento, Ariadna le proporciona un ovillo de hilo que le ha dado Dédalo, el
arquitecto del laberinto. Teseo ató uno de sus extremos en la entrada y siguiendo
el hilo por los intrincados vericuetos del laberinto, puede, efectivamente,
encontrar la salida después de darle la estocada al minotauro.
Cuando Minos supo que Teseo había matado al minotauro
montó en cólera por lo que Teseo y Ariadna tuvieron que apresurarse en la huída.
Aunque ella nunca llegó a ver la tierra de
Atenas, pues Teseo, que no era de muy de cumplir sus promesas, la
abandonó dormida en la orilla. en una escala que hicieron en la isla de Naxos.
amica veritas, sed magis amicus plauto
Hace ya algunos años, paseaba yo por la calle Tarnok de Budapest, con la mirada atenta del viajero, cuando me sobrevino un estremecimiento que en un principio confundí con un retortijón intestinal. Sin embargo, cuando profundicé un poco más en el autodiagnóstico, entendí que en realidad lo que me sobrecogía era la contemplación de tanta belleza, una especia de mal de Sthendal en versión austrohúngara.
En aquel momento pensé que sería muy egoísta reservarme esa experiencia y decidí compartirla con aquellos a los que el destino no les habia deparado la oportunidad de visitar esa ciudad. Pero tambien con los que habían pasado por allí y no habían experimentado esa fruición contemplativa, como vaca sin cencerro, acaso porque la naturaleza les había negado esa sensibilidad exquisita con la que a mi me había dotado tan generosamente.
Llevado por este altruista impulso, me agencié un cuaderno y un rotulador Edding y empecé a esbozar dibujos como un poseso, en el afán de reflejar cuanto encontraba en mi camino y de plasmar mis impresiones de una manera mas o menos perdurable. Así nació el primer ejemplar de los cuadernos de viaje que componen esta colección. A partir de entonces -a la manera de los viajeros clásicos como Delacroix o Víctor Hugo- siempre que me dispongo a emprender un nuevo viaje, reservo en mi maleta un sitio para el cuaderno, entre los gayumbos y el neceser.
Debido a la desmesura de alguna de las opiniones vertidas en estas crónicas, la cautela aconsejaba ocultar mi identidad. Para evitar ser objeto de persecución política, decidí ampararme en el anonimato, inventando un alter ego al que llamé el aventurero. Aun así, mis detractores opinan que tal grandilocuencia no era sino una excusa que para poder hablar de mi mismo en tercera persona, como Julio Cesar o el Papa.
Nadie espere encontrar en estas páginas una guía de viaje, ni un exhaustivo glosario de monumentos. Ni una descripción fiel de los lugares visitados, ni una reflexión sensata sobre los usos y costumbres. Tan solo un inconexo puñado de dibujos, acompañados por el relato de anécdotas carentes de interés y algunos datos totalmente prescindibles e inexactos. Esa es otra: Ni siquiera puedo garantizar la fiabilidad de los textos. A menudo son cosas que he oído o leído aquí y allá, cuando no son directamente inventadas, fruto de una trasnochada imaginación, como muy bien han señalado algunos de mis detractores.
En la última secuencia de la película de Jonh Ford “El hombre que mató a Liberty Balance”, James Stewart le reprocha a un periodista la falta de rigor en algunas informaciones publicadas. El periodista se defiende: “Mira, James Stewart, en el oeste cuando la leyenda mola mas que la realidad imprimimos la leyenda”.
Con similar menosprecio a la verdad, yo, que solo pretendo evidenciar la paradoja del alma humana, escribo desde una ignorancia que haría avergonzarse, no ya a cualquier historiador aficionado, sino a cualquier persona de bien.
Vayan pues mis excusas para todos aquellos a quienes no correspondo con la veracidad que se merecen. En cualquier caso, espero que quienes recalen por estas páginas encuentren aquí motivo de solaz y esparcimiento, ya que otra cosa no pretendo.
Ahora, merced al avance de las nuevas tecnologías y para estupor de mis dichosos detractores, estos cuadernos pueden ser consultados en la red y quedan al alcance tanto de los curiosos como de los estudiosos de esta basta y vasta obra.