jueves, 1 de septiembre de 2011

el Vaporcito



El lisensiado Valdés, águdo compilador de catastrofes, me pone al corriente de una desventurada noticia: el naufragio del vaporcito del Puerto, oficialmente llamado Adriano III. El barco, que cubría la linea regular entre Cadiz y el puerto de Santa Maria, una de las rutas principales para acceder a Villa Juanita, se fue a pique el pasado martes. Sufrió una vía de agua en la proa pero, gracias a la pericia de la tripulación, consiguió llegar al cantil del muelle y desembarcar a los 80 atribulados pasajeros. En poco más de siete minutos el 'Adriano III' se hundió .

A pesar de su sobrenombre no era un barco a vapor. Hasta 1929, la ruta El Puerto-Cádiz la cubrió un vapor, pero tuvo que suspender su servicio tras un accidente en el que explotó la caldera. Su puesto lo ocupó una motonave fabricada en un astillero coruñés, el Adriano I y, más tarde, el II. La que se hundió el martes, el Adriano III, fue construida en Vigo en 1955.

El "rumbo garboso" del Vaporcito, sirvió de inspiración a muchas chirigotas y comparsitas. El cantautor Javier Ruibal proponía llenar su bodega "de oloroso y fino". Rafael Alberti dejó escrito: "Estoy preparando mis cenizas, eligiendo a las personas que han de ir al centro de la bahía de Cádiz para esparcirlas allí, desde el vaporcito Adriano III".

Desde esta mi humilde tribuna hago votos para que las instituciones refloten sin demora este entrañable símbolo y que de esta suerte el barquito pinturero vuelva prontamente a surcar las aguas de la bahia.


1 comentario:

Señorita Lines dijo...

Ay Vaporsito del Puerto cuando en ti..me ahogo...cuando en ti me ahogooooooo.....jejejejejeje.....No te viá decir hasta donde estamos mi compi y yo del Vaporsito...Ugenio (que ahora curro en Europa Press) y aqui en Cádiz parece que se ha hundío el Titanic con Leonardo en la proa.....parece que lo van a reflotar, pero no se sabe quién lo pagará, aunque algunos se colgasen muchas medallas al principio...eso es como tó...Ay Vaporsito del Puerto.....La Menshu de Cádiz...habitante de Villa Juanita...

amica veritas, sed magis amicus plauto

Hace ya algunos años, paseaba yo por la calle Tarnok de Budapest, con la mirada atenta del viajero, cuando me sobrevino un estremecimiento que en un principio confundí con un retortijón intestinal. Sin embargo, cuando profundicé un poco más en el autodiagnóstico, entendí que en realidad lo que me sobrecogía era la contemplación de tanta belleza, una especia de mal de Sthendal en versión austrohúngara.



En aquel momento pensé que sería muy egoísta reservarme esa experiencia y decidí compartirla con aquellos a los que el destino no les habia deparado la oportunidad de visitar esa ciudad. Pero tambien con los que habían pasado por allí y no habían experimentado esa fruición contemplativa, como vaca sin cencerro, acaso porque la naturaleza les había negado esa sensibilidad exquisita con la que a mi me había dotado tan generosamente.



Llevado por este altruista impulso, me agencié un cuaderno y un rotulador Edding y empecé a esbozar dibujos como un poseso, en el afán de reflejar cuanto encontraba en mi camino y de plasmar mis impresiones de una manera mas o menos perdurable. Así nació el primer ejemplar de los cuadernos de viaje que componen esta colección. A partir de entonces -a la manera de los viajeros clásicos como Delacroix o Víctor Hugo- siempre que me dispongo a emprender un nuevo viaje, reservo en mi maleta un sitio para el cuaderno, entre los gayumbos y el neceser.



Debido a la desmesura de alguna de las opiniones vertidas en estas crónicas, la cautela aconsejaba ocultar mi identidad. Para evitar ser objeto de persecución política, decidí ampararme en el anonimato, inventando un alter ego al que llamé el aventurero. Aun así, mis detractores opinan que tal grandilocuencia no era sino una excusa que para poder hablar de mi mismo en tercera persona, como Julio Cesar o el Papa.



Nadie espere encontrar en estas páginas una guía de viaje, ni un exhaustivo glosario de monumentos. Ni una descripción fiel de los lugares visitados, ni una reflexión sensata sobre los usos y costumbres. Tan solo un inconexo puñado de dibujos, acompañados por el relato de anécdotas carentes de interés y algunos datos totalmente prescindibles e inexactos. Esa es otra: Ni siquiera puedo garantizar la fiabilidad de los textos. A menudo son cosas que he oído o leído aquí y allá, cuando no son directamente inventadas, fruto de una trasnochada imaginación, como muy bien han señalado algunos de mis detractores.



En la última secuencia de la película de Jonh Ford “El hombre que mató a Liberty Balance”, James Stewart le reprocha a un periodista la falta de rigor en algunas informaciones publicadas. El periodista se defiende: “Mira, James Stewart, en el oeste cuando la leyenda mola mas que la realidad imprimimos la leyenda”.



Con similar menosprecio a la verdad, yo, que solo pretendo evidenciar la paradoja del alma humana, escribo desde una ignorancia que haría avergonzarse, no ya a cualquier historiador aficionado, sino a cualquier persona de bien.



Vayan pues mis excusas para todos aquellos a quienes no correspondo con la veracidad que se merecen. En cualquier caso, espero que quienes recalen por estas páginas encuentren aquí motivo de solaz y esparcimiento, ya que otra cosa no pretendo.



Ahora, merced al avance de las nuevas tecnologías y para estupor de mis dichosos detractores, estos cuadernos pueden ser consultados en la red y quedan al alcance tanto de los curiosos como de los estudiosos de esta basta y vasta obra.

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