lunes, 2 de marzo de 2009

Palau


Un edificio de obligatoria visita en Barcelona es el Palau de la Musica, sala de conciertos proyectada por Lluís Domènech i Montaner e inaugurada en 1908. Está un poco oculto, encajonado entre callejuelas, cerca de la Via Layetana, pero merece la pena acercarse expresamente para disfrutar de esta joya del modernismo catalan.

El Palau es la sede del Orfeó Català, prestigiosa institución fundada en 1891 por Lluís Millet y Amadeu Vives, y gran defensora de los valores de la cultura catalana. No hay mas que ver la cantidad de senyeras que hay repartidas por la sala de audiciones, y que durante el franquismo estuvieron ocultas con cortinajes.

Dentro de esta sala hay que destacar la boca del escenario, un colosal grupo escultorico realizado por Pau Gargallo y Dídac Massana que representa, entre otros motivos, la Cabalgata de las Valkirias y un busto de Beethoven.



9 comentarios:

Nom Snad dijo...

.cómo me gustan este estilo de dibujos. Parecen hechos sobre ese papel que traían en el fondo las cajas de fruta. Estoy disfrutando de este viaje a Barna. Un abrazo.

Wendy Pan dijo...

... ,mencató verlo sobretodo en los ensayos de Angel Corella, qué gozada! a plena luzaca televisiva...

Judax dijo...

Me ha tocado ser el visitante nº 56565 de tu blog. Una vez más los números mágicos se alían conmigo.

¿Será una señal?

gus aneu2 dijo...

Pero eso no es un número mágico, es un número palíndromo, muy propio para este templo de la palabra.

Judax dijo...

Un palíndromo numérico !!!!!, por narices debe ser mágico. En su raíz están los números 1, 2, 3 y 5 ... los 4 primeros números primos.

Haría falta un templario para desentrañar el significado místico de este número, o un Aventurero esotérico fascinado por los cátaros.

EL AVENTURERO dijo...

Un numero palindromo se llama capicua y es, efectivamente, curioso que oculte los 4 primeros números primos. Tendré que revisar los textos de Fibonacci para desentrañar el misterio.

nom, he usado un cuaderno con una especie de papel de estraza tosco

wendy, uno de los mayores aciertos y singularidades del edificio es la luz natural. Alli decian que era unico en el mundo

gus aneu2 dijo...

me he perdido, y el 6, ¿que pinta el6?

Judax dijo...

El 6 tiene cómo raíces los primos 1, 2 y 3 ... que multiplicados y/o sumados dan "6"

Wendy Pan dijo...

... pues si el 6 tiene raices, que se vaya a la peluquería! xDD

Aventus, luz natural, sí, pero lo decía porque yo lo vi 'por la tele' no "por la luz" ;D

amica veritas, sed magis amicus plauto

Hace ya algunos años, paseaba yo por la calle Tarnok de Budapest, con la mirada atenta del viajero, cuando me sobrevino un estremecimiento que en un principio confundí con un retortijón intestinal. Sin embargo, cuando profundicé un poco más en el autodiagnóstico, entendí que en realidad lo que me sobrecogía era la contemplación de tanta belleza, una especia de mal de Sthendal en versión austrohúngara.



En aquel momento pensé que sería muy egoísta reservarme esa experiencia y decidí compartirla con aquellos a los que el destino no les habia deparado la oportunidad de visitar esa ciudad. Pero tambien con los que habían pasado por allí y no habían experimentado esa fruición contemplativa, como vaca sin cencerro, acaso porque la naturaleza les había negado esa sensibilidad exquisita con la que a mi me había dotado tan generosamente.



Llevado por este altruista impulso, me agencié un cuaderno y un rotulador Edding y empecé a esbozar dibujos como un poseso, en el afán de reflejar cuanto encontraba en mi camino y de plasmar mis impresiones de una manera mas o menos perdurable. Así nació el primer ejemplar de los cuadernos de viaje que componen esta colección. A partir de entonces -a la manera de los viajeros clásicos como Delacroix o Víctor Hugo- siempre que me dispongo a emprender un nuevo viaje, reservo en mi maleta un sitio para el cuaderno, entre los gayumbos y el neceser.



Debido a la desmesura de alguna de las opiniones vertidas en estas crónicas, la cautela aconsejaba ocultar mi identidad. Para evitar ser objeto de persecución política, decidí ampararme en el anonimato, inventando un alter ego al que llamé el aventurero. Aun así, mis detractores opinan que tal grandilocuencia no era sino una excusa que para poder hablar de mi mismo en tercera persona, como Julio Cesar o el Papa.



Nadie espere encontrar en estas páginas una guía de viaje, ni un exhaustivo glosario de monumentos. Ni una descripción fiel de los lugares visitados, ni una reflexión sensata sobre los usos y costumbres. Tan solo un inconexo puñado de dibujos, acompañados por el relato de anécdotas carentes de interés y algunos datos totalmente prescindibles e inexactos. Esa es otra: Ni siquiera puedo garantizar la fiabilidad de los textos. A menudo son cosas que he oído o leído aquí y allá, cuando no son directamente inventadas, fruto de una trasnochada imaginación, como muy bien han señalado algunos de mis detractores.



En la última secuencia de la película de Jonh Ford “El hombre que mató a Liberty Balance”, James Stewart le reprocha a un periodista la falta de rigor en algunas informaciones publicadas. El periodista se defiende: “Mira, James Stewart, en el oeste cuando la leyenda mola mas que la realidad imprimimos la leyenda”.



Con similar menosprecio a la verdad, yo, que solo pretendo evidenciar la paradoja del alma humana, escribo desde una ignorancia que haría avergonzarse, no ya a cualquier historiador aficionado, sino a cualquier persona de bien.



Vayan pues mis excusas para todos aquellos a quienes no correspondo con la veracidad que se merecen. En cualquier caso, espero que quienes recalen por estas páginas encuentren aquí motivo de solaz y esparcimiento, ya que otra cosa no pretendo.



Ahora, merced al avance de las nuevas tecnologías y para estupor de mis dichosos detractores, estos cuadernos pueden ser consultados en la red y quedan al alcance tanto de los curiosos como de los estudiosos de esta basta y vasta obra.

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