viernes, 6 de marzo de 2009

Pipa club

El pipa club es un local curioso situado en un piso de la Plaza Real. Hay que ser socio para entrar, pero rellenando un formulario haces el trámite y despues ya eres uno más del club, aunque no fumes en pipa. Suele haber actuaciones de jazz en directo y tiene un ambiente como de club inglés venido a menos, con sillones, chimenea y retatos de Sherlock Holmes fumando su pipa.

Entre sus socios se encuentran Javier Bardem, Ariadna Gil, Jaume Sisa, Joan Manuel Serrat, Charo López, Javier Gurruchaga, Cristina de Borbón , Loquillo, Angel Casas, Regina do Santos, Oriol Bohigas, Toni Miró, Fina Brunet, Quim Monzó, Albert Plà, Pilar Rahola...



"... Estaban ante la puerta del Club de la Pipa, y él hizo un cálculo rápido de lo que le quedaba en la cartera, concluyendo que podía permitirse invitarla a otra copa y que, en el peor de los casos, Roger, el encargado, le fiaría. Ella se mostró sorprendida por el insólito lugar, el timbre de la puerta, la vieja escalera y el local en el segundo piso, con su curiosa barra, el sofá y los grabados de Sherlock Holmes colgados en la pared. No había música de jazz esa noche, y permanecieron de pie junto al mostrador desierto mientras Roger llenaba un crucigrama al otro extremo. Ella quiso probar la ginebra azul y dijo que le gustaba su aroma, y luego se declaró encantada con el sitio, añadiendo que nunca había imaginado que hubiera en Barcelona un lugar como aquél. "



Arturo Pérez-Reverte. "La carta esférica".


4 comentarios:

Judax dijo...

Seré un tipo raro, pero con ese elenco de socios va a resultar que no me apetece ser uno de sus miembros.

EL AVENTURERO dijo...

en realidad eso es lo que ponia en su web, pero la gente que habia cuando fuimos era bastante de andar por casa

gus aneu2 dijo...

como dice judax leyendo algunos nombres se diría que es el club de la pija, aunque claro, así dicho parecería otra acepción del término que no el que yo quería decir, en fin, que wendy me diga o qe sea que me lo tendré merecido (un besito)

Wendy Pan dijo...

Eing?!!



...

amica veritas, sed magis amicus plauto

Hace ya algunos años, paseaba yo por la calle Tarnok de Budapest, con la mirada atenta del viajero, cuando me sobrevino un estremecimiento que en un principio confundí con un retortijón intestinal. Sin embargo, cuando profundicé un poco más en el autodiagnóstico, entendí que en realidad lo que me sobrecogía era la contemplación de tanta belleza, una especia de mal de Sthendal en versión austrohúngara.



En aquel momento pensé que sería muy egoísta reservarme esa experiencia y decidí compartirla con aquellos a los que el destino no les habia deparado la oportunidad de visitar esa ciudad. Pero tambien con los que habían pasado por allí y no habían experimentado esa fruición contemplativa, como vaca sin cencerro, acaso porque la naturaleza les había negado esa sensibilidad exquisita con la que a mi me había dotado tan generosamente.



Llevado por este altruista impulso, me agencié un cuaderno y un rotulador Edding y empecé a esbozar dibujos como un poseso, en el afán de reflejar cuanto encontraba en mi camino y de plasmar mis impresiones de una manera mas o menos perdurable. Así nació el primer ejemplar de los cuadernos de viaje que componen esta colección. A partir de entonces -a la manera de los viajeros clásicos como Delacroix o Víctor Hugo- siempre que me dispongo a emprender un nuevo viaje, reservo en mi maleta un sitio para el cuaderno, entre los gayumbos y el neceser.



Debido a la desmesura de alguna de las opiniones vertidas en estas crónicas, la cautela aconsejaba ocultar mi identidad. Para evitar ser objeto de persecución política, decidí ampararme en el anonimato, inventando un alter ego al que llamé el aventurero. Aun así, mis detractores opinan que tal grandilocuencia no era sino una excusa que para poder hablar de mi mismo en tercera persona, como Julio Cesar o el Papa.



Nadie espere encontrar en estas páginas una guía de viaje, ni un exhaustivo glosario de monumentos. Ni una descripción fiel de los lugares visitados, ni una reflexión sensata sobre los usos y costumbres. Tan solo un inconexo puñado de dibujos, acompañados por el relato de anécdotas carentes de interés y algunos datos totalmente prescindibles e inexactos. Esa es otra: Ni siquiera puedo garantizar la fiabilidad de los textos. A menudo son cosas que he oído o leído aquí y allá, cuando no son directamente inventadas, fruto de una trasnochada imaginación, como muy bien han señalado algunos de mis detractores.



En la última secuencia de la película de Jonh Ford “El hombre que mató a Liberty Balance”, James Stewart le reprocha a un periodista la falta de rigor en algunas informaciones publicadas. El periodista se defiende: “Mira, James Stewart, en el oeste cuando la leyenda mola mas que la realidad imprimimos la leyenda”.



Con similar menosprecio a la verdad, yo, que solo pretendo evidenciar la paradoja del alma humana, escribo desde una ignorancia que haría avergonzarse, no ya a cualquier historiador aficionado, sino a cualquier persona de bien.



Vayan pues mis excusas para todos aquellos a quienes no correspondo con la veracidad que se merecen. En cualquier caso, espero que quienes recalen por estas páginas encuentren aquí motivo de solaz y esparcimiento, ya que otra cosa no pretendo.



Ahora, merced al avance de las nuevas tecnologías y para estupor de mis dichosos detractores, estos cuadernos pueden ser consultados en la red y quedan al alcance tanto de los curiosos como de los estudiosos de esta basta y vasta obra.

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