viernes, 9 de noviembre de 2007

London Tower


La Torre de Londres fue fundada por Guillermo el Conquistador en 1066 y es el complejo medieval más importante de Londres.

Para recorrer esta fortaleza, que durante 900 años fue sinónimo de terror, conviene contratar una visita guiada por uno de los 42 guardianes de la torre o "beefeaters", asi llamados porque tenían asignada una ración diaria de carne de buey.

El beefeater nos mostrará el lugar donde fueron decapitadas dos de las seis esposas del rey Enrique VIII, la celda de Rudol Hess o la exposición de las joyas de la corona, que incluyen el diamante cortado más grande del mundo.

También nos enseñará la escalera donde, a finales del siglo XVII, aparecieron los esqueletos de dos niños pequeños, confirmando la antigua creencia de que el cruel Ricardo III, monarca jorobado y sin escrúpulos, había asesinado a sus sobrinos. Infame crimen recogido por Shakespeare, que inmortalizó a un Ricardo III tortuoso de cuerpo y de mente.


El visitante debe comprobar que los cuervos siguen paseándose por el césped. Según la leyenda, el día que estos famosos inquilinos abandonen la torre, la corona inglesa caerá ante sus enemigos. Para evitar ese riesgo les cortan las puntas de las alas, asi que estos cuervos no pueden volar muy alto y los enemigos de la reina se resignan a acechar extramuros esperando su momento

6 comentarios:

Wendy Pan dijo...

Jo, con la parrafada tan maja que me salío ayer..., al final se me borró todo @#$%&/#...
A ver si puedo reproducirla:
pos empezaba con algo asín como que los ingleses han sido siempre unos tramposos (sin hablar del choricismo-piratero, te extraña entonces el nivel de joyísmo que tienen?), en este caso por los pobres cuervos que espero que no dejen de cagarse encima de todos ellos, al menos por mutilarles las alas, jejeje
En cuanto a lo de los pobres niños, antes de leer el "nombre" me acordé de la única versión que he visto de Ricardo III, la de Ian MacKellen en esa versión post-guerra mundial, tremenda!

Y, bueno, por ahí iban los tiros.
Buen fin de semana Aventurero pinturero

lenoreanabel dijo...

Pero que jodíos son los ingleses, lo de los cuervos no lo sabía, me he quedado alucinando, el resto sí. Y tienen un gusto por lo macabro y la sangre. ;-P

Anónimo dijo...

Fiat justitia, pereat mundus.

Anónimo dijo...

"beefeaters", asi llamados porque tenían asignada una ración diaria de carne de buey


y lo de la ginebra?????????? también tienen su ración?

Anónimo dijo...

caro virgilio, esta catarsis de viandantes hay que atribuirla al defecto de pigmalionizacion que reproducen los nicknames.
la roca y la libertad, honi soit qui mal y pense, enrique 8 y la antropologia forense, joder con este guide book!!! para cuando un viaje al pais de las tetonas.

Wendy Pan dijo...

... se dice "teutonas" aiiins...

aquí la Wendy-guerrera (me da pereza cambiar la afoto.., pero la tengo en el messenger XDDD)

amica veritas, sed magis amicus plauto

Hace ya algunos años, paseaba yo por la calle Tarnok de Budapest, con la mirada atenta del viajero, cuando me sobrevino un estremecimiento que en un principio confundí con un retortijón intestinal. Sin embargo, cuando profundicé un poco más en el autodiagnóstico, entendí que en realidad lo que me sobrecogía era la contemplación de tanta belleza, una especia de mal de Sthendal en versión austrohúngara.



En aquel momento pensé que sería muy egoísta reservarme esa experiencia y decidí compartirla con aquellos a los que el destino no les habia deparado la oportunidad de visitar esa ciudad. Pero tambien con los que habían pasado por allí y no habían experimentado esa fruición contemplativa, como vaca sin cencerro, acaso porque la naturaleza les había negado esa sensibilidad exquisita con la que a mi me había dotado tan generosamente.



Llevado por este altruista impulso, me agencié un cuaderno y un rotulador Edding y empecé a esbozar dibujos como un poseso, en el afán de reflejar cuanto encontraba en mi camino y de plasmar mis impresiones de una manera mas o menos perdurable. Así nació el primer ejemplar de los cuadernos de viaje que componen esta colección. A partir de entonces -a la manera de los viajeros clásicos como Delacroix o Víctor Hugo- siempre que me dispongo a emprender un nuevo viaje, reservo en mi maleta un sitio para el cuaderno, entre los gayumbos y el neceser.



Debido a la desmesura de alguna de las opiniones vertidas en estas crónicas, la cautela aconsejaba ocultar mi identidad. Para evitar ser objeto de persecución política, decidí ampararme en el anonimato, inventando un alter ego al que llamé el aventurero. Aun así, mis detractores opinan que tal grandilocuencia no era sino una excusa que para poder hablar de mi mismo en tercera persona, como Julio Cesar o el Papa.



Nadie espere encontrar en estas páginas una guía de viaje, ni un exhaustivo glosario de monumentos. Ni una descripción fiel de los lugares visitados, ni una reflexión sensata sobre los usos y costumbres. Tan solo un inconexo puñado de dibujos, acompañados por el relato de anécdotas carentes de interés y algunos datos totalmente prescindibles e inexactos. Esa es otra: Ni siquiera puedo garantizar la fiabilidad de los textos. A menudo son cosas que he oído o leído aquí y allá, cuando no son directamente inventadas, fruto de una trasnochada imaginación, como muy bien han señalado algunos de mis detractores.



En la última secuencia de la película de Jonh Ford “El hombre que mató a Liberty Balance”, James Stewart le reprocha a un periodista la falta de rigor en algunas informaciones publicadas. El periodista se defiende: “Mira, James Stewart, en el oeste cuando la leyenda mola mas que la realidad imprimimos la leyenda”.



Con similar menosprecio a la verdad, yo, que solo pretendo evidenciar la paradoja del alma humana, escribo desde una ignorancia que haría avergonzarse, no ya a cualquier historiador aficionado, sino a cualquier persona de bien.



Vayan pues mis excusas para todos aquellos a quienes no correspondo con la veracidad que se merecen. En cualquier caso, espero que quienes recalen por estas páginas encuentren aquí motivo de solaz y esparcimiento, ya que otra cosa no pretendo.



Ahora, merced al avance de las nuevas tecnologías y para estupor de mis dichosos detractores, estos cuadernos pueden ser consultados en la red y quedan al alcance tanto de los curiosos como de los estudiosos de esta basta y vasta obra.

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